EGIPTO V – Las pirámides de Egipto

Las pirámides de Egipto

Las pirámides de EgiptoLas pirámides comienzan a erigirse espléndidas, y en toda su grandilocuencia, a partir de la cuarta dinastía, albergando la materia y el alma del faraón, que debía sobrevivir más allá de la muerte, por lo cual su cuerpo debía preservarse, lo que se lograba a través de la técnica de la momificación.

El origen de las pirámides, lo constituye la costumbre de acumular montículos de tierra sobre las primeras tumbas.

Los primeros faraones, considerados hijos de Horus, se enterraban en tumbas subterráneas, para estar más cerca del reino de Osiris, pero los faraones que sobrevinieron luego, considerados hijos de Ra, construyeron sepulcros en forma de pirámides.

Ya en la tercera dinastía que comienza en el año 2800 a. C, aparece la primera pirámide, que en realidad era una modificación escalonada de la mastaba (pirámide truncada, que terminaba en una superficie plana), que es la de Sakara, en honor al faraón Zoser, construida por el arquitecto y primer ministro, Imenhotep, destacada figura cultural de la época, por sus conocimientos matemáticos, astronómicos y médicos, fundador de la medicina experimental. Esta pirámide, contaba con terrazas de piedra rectangular con una altura de 61 m. Estaba rodeada por una muralla, que encerraba varios monumentos.

Pero como dijimos, es en la cuarta dinastía, cuando en las cercanías de la actual ciudad de El Cairo, se erigieron las pirámides de Gizeh, tres majestuosos monumentos arquitectónicos, conformado por las pirámides de keops, Kefrén y Micerino. La primera es la más grande, y su construcción demandó 20 años del esfuerzo de 100.000 personas, que debieron transportar y levantar 2.000.000 de bloques de piedra con un peso aproximado de de 2,5 toneladas cada uno, alcanzando la altura de 146,6 m. Mide 230 m. por lado y ocupa 5,3 ha. Fue llamada por el propio Keops, Khut o Gloriosa.

La pirámide de Kefrén, faraón sucesor de Keops, es tan grande como la de éste, y fue llamada, Ur, la Grande. La de Micerino es mucho más pequeña.

Entre las de Kefrén y Micerino, en la necrópolis de Menfis, se halla la Esfinge de Gizeh, con un rostro que probablemente perteneciera al faraón Kefrén , quien la mandó crear.

En el interior de las pirámides, hallamos numerosas cámaras, interconectadas por pasillos y galerías, con cámaras de aire, realizadas mediante huecos de ventilación. En la cámara funeraria, se colocaba el sarcófago con el cadáver momificado del faraón. Una vez que se colocaba el cuerpo, la entrada de la pirámide se sellaba con piedras.

Las grandes pirámides eran rodeadas por otras más pequeñas, que pertenecían a miembros de la familia real.

Tenían una orientación exacta y una pendiente perfecta, con una inclinación de 52 grados, y su altura era exactamente el radio de un círculo cuya circunferencia era igual al perímetro de la base.

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EGIPTO IV – LOS TEMPLOS EGIPCIOS

Los templos egipcios

Los templos egipciosLa construcción de los templos, morada de los dioses, era, más que ninguna otra expresión artística, imagen de grandilocuencia. El templo de Amón, en Karnak, en el Ato Egipto, ocupaba una superficie de 5.300 m2, a los que se llegaba, por una avenida custodiada por esfinges y estatuas con cuerpo de león y cabeza humana, y en el que prestaban servicio 100.000 personas.

Estaban construidos en piedra, para evitar el deterioro del tiempo.

Se observaba en ellos, la diferente altura de sus salas, que decrecían del exterior hacia el interior, a veces, lograda por los techos más bajos, y otras, por la elevación del suelo. A medida que íbamos penetrando al templo, la luminosidad se tornaba cada vez más difusa, hasta que la oscuridad dominaba en la parte final, donde estaba situada la divinidad. En ese lugar, un sacerdote ofrendaba con comidas, perfumes y vestidos, al dios, del que se esperaba que asegurara al reino, ventura y protección.

En la puerta del templo, hallábamos a ambos lados, pilones o muros inclinados, decorados con bajos relieves.

Al abrir la puerta, aparecía el patio descubierto, que conducía a la sala hipóstila, o pronaos, el lugar más grande y luminoso, donde se congregaban los fieles a rendir el culto. La luz penetra a través de claraboyas, ya que no existían ventanas en las paredes. Se conseguía hacer entrar la luz, al disponer las dos hileras de columnas centrales, a mayor altura que el resto. Al estar el techo en dos planos diferentes, la luz podía colarse por ese desnivel, a través de un enrejado de piedras verticales.

A continuación se presentaba otra sala, llamada naos, que conducía al santuario, donde una estatua representativa del Dios, se erigía para su adoración.

Sin embargo, sólo ruinas han llegado a nosotros de los templos egipcios de los primeros tiempos, destacándose el templo de la esfinge, en Guiza. y el Templo solar de Nyuserra, cercano a Abusir Del período del Reino Nuevo, el de Edfú, en las proximidades de Asuán, se conserva en su integridad.

También existieron los templos subterráneos, excavados en la roca, en cuya entrada estatuas colosales, montaban simbólica guardia. El faraón Ramsés II, mandó a construir en Nubia, el templo de Abu Simbel, en cuya entrada se destacaban, dos estatuas del faraón.

Los templos egipcios, debieron ser salvados del progreso de la civilización que amenazaba con dejarlos sepultados bajo las aguas, originadas por la construcción de la presa de Asuán. Muchos templos fueron cortados en bloques, y transportados a lugares más seguros.

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