CAPÍTULO 93 – LOS INMIGRANTES SALVAN EL ESTADO DEL BIENESTAR

Los inmigrantes salvan el Estado del bienestar

Algunos dudan de que el sistema de servicios públicos sea sostenible en plena crisis tras el gran flujo de inmigración – Los extranjeros contribuyen al Estado más de lo que reciben de él

En España, un inmigrante de un país pobre, en situación irregular, sin trabajo, viviendo en la calle, tiene acceso a servicios que no podría tener en su propio país trabajando normalmente. La sanidad y la educación son universales y gratuitas. Si tiene tarjeta de residencia, puede además acceder a una pensión, protección por desempleo, viviendas de protección oficial… ya no le diferencia nada de un español, en cuanto a ayudas se refiere. En los principales países de origen (Marruecos, Rumania o Ecuador), la clase media sufre para alcanzar un nivel de atención social que en España es accesible incluso sin papeles. Es evidente que el sistema gasta en los inmigrantes. Un estrato social de españoles percibe que los servicios públicos están copados por los recién llegados. Algunos partidos políticos europeos ya hacen campaña al grito de “¡No cabemos todos!”. ¿No cabemos todos en el Estado de bienestar? La respuesta es sí.

Philippe Legrain, autor del libro Immigrants: your country needs them (Inmigrantes: tu país los necesita) realizó recientemente un estudio para el Consejo de la Globalización de Suecia. El Gobierno sueco se propone, al revés que media Europa, estudiar formas de atraer a más ciudadanos extracomunitarios. Legrain analizó el impacto de la inmigración en el sistema sueco de protección social, probablemente el más generoso del mundo, con este punto de partida: ¿Es compatible la inmigración libre con el Estado de bienestar europeo?

Dentro de este planteamiento general, Legrain se pregunta si la beneficencia de los países ricos es un imán para inmigrantes. Es decir, si se vive mejor de la beneficencia en los países ricos que trabajando en los países pobres, es una buena razón para emigrar. Y si emigran muchos, en un momento dado ese Estado benefactor será insostenible.

Para que eso sucediera, explica, se tendrían que dar ciertas condiciones: los emigrantes deben estar tan desesperados que los supuestos beneficios compensen el tremendo coste económico y psicológico de la migración; de todos los destinos posibles, tienen que elegir Suecia; los ingresos por la beneficencia sueca deben ser mayores que trabajando en sus países; y por último, deben conformarse con la beneficencia, en vez de aspirar a mayores ingresos trabajando en Suecia.

Los inmigrantes son “una minoría selecta” de sus países, explica Legrain. Son los jóvenes con más ganas de trabajar y mayor espíritu emprendedor. Pero si lo que quieren es vivir de la beneficencia, Suecia sería el mejor país para hacerlo. Según datos de la OCDE de 2005, un inmigrante sin permiso de trabajo recibe del sistema sueco 103.000 coronas (11.030 euros) al año. Si tiene dos hijos, 167.500 coronas (18.000 euros). La cifra es tres veces superior al salario medio en Marruecos y cuatro veces el de Pakistán.

La razón principal de que no haya “inmigrantes de beneficencia” es que, incluso si están mejor con subsidios en Suecia que trabajando en su país, les va todavía mejor trabajando en Suecia. Deben pagar su viaje, deben enviar dinero a sus países y deben garantizarse un futuro.

Ese debate se puede plantear en España. ¿La atención pública y gratuita es una atracción? “No existe ninguna prueba de que Suecia, que probablemente tiene el sistema de beneficencia más generoso del mundo, actúe como un imán benéfico, así que es extremadamente poco probable que eso ocurra en España, incluso si elevara su nivel de protección social”, asegura Legrain por correo electrónico.

Josep Oliver, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, sí cree que las ayudas suponen una atracción, pero no en España. “En el norte de Europa existe ese imán”, dice Oliver. “Hay una parte de lo que llaman seekers [buscadores], atraídos por ese Estado de bienestar muy generoso. En nuestro caso, no vienen buscando unas ayudas, que no existen como en los países nórdicos. Vienen buscando trabajo, que es lo que hay”.

En España había 2.357.000 extranjeros legales a finales de 2007. De ellos, 1.316.000 estaban afiliados a la Seguridad Social. Sólo con su contribución a la caja, se pagan 900.000 pensiones. Los inmigrantes aportan el 7,4% de las cotizaciones de la Seguridad Social y sólo reciben el 0,5% del gasto en pensiones.

La Oficina Económica de La Moncloa elaboró un informe en 2006 muy revelador sobre este punto. Los inmigrantes, según ese estudio, suponen el 8,8% de la población española, pero absorben sólo el 5,4% del gasto público. Consumen el 4,6% del gasto en sanidad y el 6,6% en educación. Pero su aportación es el 6,6% de los ingresos totales. En total, su presencia en España supone un beneficio neto para el país de unos 5.000 millones de euros.

La situación es parecida en todos los países, también con un bajo nivel de protección social. En Estados Unidos, un estudio de la National Academy of Sciences concluyó que un inmigrante recibe unos 3.000 dólares del Gobierno estadounidense en toda su vida. Sus hijos serán contribuyentes netos al sistema a razón de unos 80.000 dólares cada uno a lo largo de su vida.

“Nuestros inmigrantes tienen entre veinte y pico y cuarenta y pico años”, explica Oliver. “En los próximos 20 años empezaremos a tener que pagar una parte de lo que nos han avanzado. Esto, teniendo en cuenta su vida individual. Pero hay que ver también qué deja detrás de él. Si deja hijos con una formación más elevada, ganarán más dinero que él” y contribuirán más al sistema. Hay mucha probabilidad de que esto suceda, ya que “los hijos no tienen que adaptarse, como hizo el padre”.

Pero los extranjeros también se hacen viejos. Y se quedan sin trabajo cuando vienen mal dadas. En estos casos no aportan al sistema y empiezan a ser receptores netos de ayudas: pensiones y subsidio de paro. ¿Sufre el sistema de bienestar? “Tienen derecho a las ayudas, porque han pagado impuestos y han contribuido a la economía y la sociedad cuando las cosas iban bien”, opina Legrain. Actualmente, con el paro subiendo, la tasa de actividad es un 19% más alta entre los extranjeros.

Pero, aparte de tener derecho, “en general, la literatura económica sugiere que incluso considerando el pago de pensiones el saldo final es favorable para el que recibe la inmigración”, asegura Oliver, aunque reconoce que “el debate sobre qué pasará cuando se jubilen es muy complejo”.

La supuesta crisis de pensiones sucederá en torno a 2025. “En un sistema en que los viejos viven del ahorro de los jóvenes, ¿qué pasará cuando haya más viejos que jóvenes? La inmigración es una entrada de población joven y trabajadora. En general, la crisis no se va a superar sólo con la inmigración, pero contribuirá a mitigarla”, opina Oliver.

Admitido que los inmigrantes no abandonan su familia y su cultura y se juegan la vida a cambio de un bocadillo de la Cruz Roja y sanidad gratis. Admitido que no son una carga para el sistema, sino más bien todo lo contrario. Cabe una última pregunta, ¿está justificada la percepción de que copan todos los servicios sociales? En España, esto tiene mucho que ver con un tema tan de actualidad como laberíntico para el gran público: la financiación autonómica.

“Lo de los servicios es parcialmente cierto”, admite Oliver. “Es un error del sistema de financiación que ahora se está discutiendo. No puedes tener, como en Madrid y Cataluña, aumentos de población de 15% y mantener los mismos ingresos. El gasto público para la inmigración está muy concentrado geográficamente, pero los ingresos que genera esa inmigración se van al Estado central. El Estado se lleva los ingresos y los gastos son de otros. Los beneficios son macroeconómicos y los problemas, microeconómicos”.

Carlos Clemente, viceconsejero de Inmigración de la Comunidad de Madrid, lo dice con sus datos: “En integración de los inmigrantes nosotros invertimos 1.500 millones de euros y el Estado 40. Los extranjeros están aportando al Estado 8.000 millones de euros. Sólo 200 millones van a las comunidades, que somos los que damos la educación, la sanidad, la vivienda, etcétera”.

Clemente aclara que “los inmigrantes no copan los servicios públicos, son las rentas más bajas las que copan los servicios públicos. Inmigrantes y españoles”. Especialmente cuando la inmigración ya no es un fenómeno nuevo. “Hace 10 años era más así, pero no ahora. Algunos ya son empleadores, por ejemplo. Al final, son como los que vienen a Madrid de otras provincias”.

La coordinadora de la Dirección General de Asistencia Sanitaria de la Junta de Andalucía, Carmen Escalera, asegura que “con los datos de 2006, la atención a la población inmigrante no regularizada es el 0,8% de las consultas de atención primaria” en Andalucía. “Es falso que colapsen los servicios sociales. Suponen un 0,6% de las visitas a domicilio y un 2,5% de las urgencias. En partos suponen un 4,6%. Eso nos viene hasta bien, porque es savia nueva”.

¿Y cuando vayan envejeciendo? “Tendremos que ir adaptando el sistema”, admite Escalera. Pero “se están dando reagrupaciones familiares, que se asumen la vida de aquí. A partir de ese momento, no se distinguen en nada de la población autóctona. Consumen los mismos recursos y a la vez generan la misma riqueza”.

El Consejo Económico y Social se ocupa de este asunto en su Memoria 2007. El responsable del estudio, Jesús Cruz, dijo que España debe incrementar sus servicios sociales para toda la población para responder a “un imprevisible, rápido e intenso crecimiento, y está compuesta en un 10% por extranjeros”.

Porque, como dice Josep Oliver, “al nativo que ve degradarse su barrio por un impacto migratorio muy grande, no se le puede explicar que la inmigración es buena para la economía”. El catedrático da toda la razón a las comunidades que reclaman mayor financiación: “La garantía para que se integre y se quede la inmigración, que la necesitamos, es que se atiendan los gastos donde se producen, para que el bienestar de los nativos no se vea afectado. El dinero de la inmigración debe ser para el que se lo gana, para el que sufre ese impacto”.

En una entrevista con EL PAÍS, el nuevo ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho reconocía que “un país en el que existe un contingente importante de inmigrantes no puede subsistir con un Estado de bienestar diseñado a la medida de cuando no los había”.

Corbacho decía que el desarrollo económico “no es suficiente” para sostener el sistema, “porque el desarrollo económico necesita amplios contingentes de inmigración para sostenerse. Cuando a un país llega un amplio contingente de inmigrantes, el Estado de bienestar se debilita, a no ser que el Estado le inyecte más economía. Si no, puedes correr el riesgo de que el que llega se lleve la parte del Estado de bienestar porque su situación es peor que la del que está aquí, que su situación económica no ha cambiado, y éste deje de recibir lo que el Estado de bienestar le estaba dando. De ahí al conflicto, hay dos pasos”. La solución, para Corbacho, sólo es una: “Poner más dinero”.

Algunas conclusiones del texto:

Los inmigrantes son el 8,8% de la población y absorben el 5,4% del gasto público

Su presencia supone un beneficio neto para España de 5.000 millones de euros

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/inmigrantes/salvan/Estado/bienestar/elpepusoc/20080616elpepisoc_1/Tes

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Uno de cada seis niños no llega a cumplir los cinco años en el África subsahariana

En 16 años la tasa de mortalidad infantil en la región ha disminuido un 14%

La tasa de mortalidad entre los menores de cinco años en el África subsahariana ha disminuido un 14% entre 1990 y 2006. Sin embargo, esta región sigue siendo la zona del planeta donde los niños tienen menos posibilidades de sobrevivir: uno de cada seis menores muere durante sus primeros cinco años de vida y lo hace por enfermedades fácilmente evitables, como la diarrea o la malaria. Este es uno de los dramáticos datos que arroja el informe El estado de la infancia en África 2008, de UNICEF, presentado hoy en Madrid y Las Palmas de Gran Canaria, y que alerta de que los avances logrados se ven ahora amenazados por la crisis alimentaria que golpea con mayor dureza al continente más frágil.

Unicef

www.unicef.es


A FONDO

Sede: Nueva York (Estados Unidos)
Directivo: Carol Bellamy (Directora)

Enlace Ver cobertura completa

“La mayoría de los niños muere de enfermedades que podemos evitar con un esfuerzo conjunto y medidas simples, como utilizando mosquiteras tratadas con insecticidas o educando a las madres, ha afirmado el asesor especial del secretario general de la ONU para la lucha contra la malaria, Alan Court, durante el acto de UNICEF en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Además, la subida del precio de los alimentos y la reducción del gasto de las familias para poder comer afectará más a los niños, y derivará en problemas de desnutrición”, ha alertado Court. UNICEF advierte de las trágicas consecuencias que puede tener la crisis de los alimentos en los 20 millones de niños y niñas menores de cinco años que sufren desnutrición aguda grave en el mundo.

En 2006, cinco millones de niños y niñas murieron antes de cumplir los cinco años, lo que supone una media de 14.000 muertes diarias.

Amalia Navarro, directora de Sensibilización e Imagen del Comité Español de UNICEF, ha apuntado en la presentación del informe en Canarias que “en el norte de África se han conseguido reducciones del 45% en la mortalidad infantil, lo que nos demuestra que se puede hacer y que sabemos cómo hacerlo. Estos países, como Egipto o Marruecos, alcanzarán el Objetivo del Milenio de supervivencia infantil”. Navarro ha subrayado que la lucha por la supervivencia de la infancia africana debe convertirse en un “imperativo mundial”, y ha de estar presente de forma prioritaria en las agendas políticas a todos los niveles, desde el autonómico hasta el internacional, incluido el G8.

El África subsahariana redujo su tasa de mortalidad de menores de cinco años en algo más de un tercio entre 1976 y 2006. Se necesitaría una reducción anual de más del 10% durante los próximos ocho años para que la región lograra cumplir el Objetivo del Milenio número cuatro, que es el de reducir la mortalidad infantil.

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Ayanda, un niño de 4 años, sostiene una mazorca de maíz en un campo seco en Zimbabue

Ayanda, un niño de 4 años, sostiene una mazorca de maíz en un campo seco en Zimbabue

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ninos/llega/cumplir/anos/Africa/subsahariana/elpepusoc/20080616elpepusoc_5/Tes

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Doble noticia para contrastar realidades. Las dos noticias tratan de la inmigración, pero las consecuencias de ambas noticias son muy diferentes. En la primera, queda patente que los inmigrantes aportan más al país que lo que perciben de él, y en la segunda se demuestra la cruda realidad que se vive en la África Subsahariana.

Espero que estas noticias nos sirvan para ser conscientes de lo privilegiados que somos, ya que nos ha tocado vivir en este lado, cuando perfectamente podríamos estar en el otro. De todas formas y a pesar de los escasísimos recursos de los que disponen (ya que la mayoría se los robamos) son más felices de lo que nos pensamos, ya que disfrutan de los pequeños, cosa que en los países desarrollados (entre los que se encuentra evidentemente España) nos cuesta más.

También espero que con el dato que acabais de leer (los inmigrantes aportan más de lo que reciben) aprendamos a verlos con otros ojos y no sólo como una amenaza. ¿Seremos capaces? Creo que si. De igual forma se que hay mentes estrechas que no son capaces de ver más allá y siguen el encasillamiento de la expresión “vienen para quitarnos el trabajo” (trabajo que no queremos hacer nosotros, claro), y se que a muchos esto no les cambiará de idea, pero quizás a otros si, y con eso mi conformo.

Mi lucha contra avariciosos empresarios y economistas sigue en pie, y no cesaré en ello. Es mi forma de ser, y no lo puedo evitar.


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