CAPÍTULO 164 – TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN

 

Una visión más pragmática se impone en la aplicación al aula de medios digitales

 

En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.

Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a “docentes como yo”, es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?

A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?

En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.

Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares… en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.

De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.

Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de “docentes como yo”, probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.

Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.

Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.

Referencia:http://www.elpais.com/articulo/educacion/tecnologia/educacion/dosis/realismo/elpepuedu/20111121elpepiedu_1/Tes

Tecnología y educación. Educación y tecnología. Términos que serán compatibles dependiendo de la destreza pedagógica del docente, es decir, la capacidad que éste tenga para usar la tecnología de un modo adecuado. Puede ser una absoluta pérdida de tiempo o todo lo contrario. Todo depende de cómo se enfoque.

Mi punto de vista: urge en estos tiempos un uso correcto de los ordenadores, proyectores, pizarras digitales y demás en los institutos y en las universidades también, aunque en éstas últimas están algo mejor. El primero que se tiene que poner al asunto es el profesor. No puede ser exigir algo a los alumnos que tu mismo no dominas. Ahora me viene a la mente todos aquellos profesores y profesores que literamente leen el powerpoin invitando a la conclusión de sus alumnos de “eso también lo se hacer yo” y a la sensación de “este profesor no se ha preparado la clase” y tal, que puede coincidir con la realidad o no.

Mi visión sobre los alumnos de institutos y también de universidades. En general, la juvetud usa mucho el ordenador, pero no tiene ni idea de usarlo, perdiendo en el ordenador una cantidad tremenda de tiempo. Me explico mejor: yo aprendí a manejar el ordenador con un viejo Amstrand hasta llegar al MacBook desde el que estoy escribiendo. Mi proceso de aprendizaje fue el siguiente (aproximadamente):

  • MS-II
  • Windows 3.1
  • Windows 95
  • Windows 98 y 2º edición Windows 98
  • Windows ME
  • Windows 2000
  • Windows XP
  • Leopard
  • Windows Vista
  • Snow Leopard
  • Ubuntu
  • Windows 7
  • Lion

También me manejo en la varios paquetes ofimáticos tanto online como en el propio ordenador. Manejo algo el Photoshop, sabía manejar contabilidad (se me ha olvidado por no usarlo) y otros programas específicos. Esto es normal en aficionados a la tecnología que tuvieron la oportunidad de pequeños de aprender de verdad informática.

¿Qué hacen los adolescentes ahora y muchos universitarios?. Pasarse horas delante del tuenti, facebook, badoo y demás redes sociales y apenas sabiendo manejar la ofimática (que se supone que es el epicentro tecnológico de la educación). Ahí veo realmente el problema. Personalmente he tenido profesores que la han sabido manejar (los menos) y que se pierden más que un ciego en mitad de un desierto (la inmensa mayoría).

Entonces ¿es buena o mala la tecnología para la educación?. Señores, la tecnología (entendamos en este contexto como tecnología ordenadores e internet) es tan sólo una herramienta. ¿Es conducir un coche normal seguro? pues depende de las manos y pies que manejen dicho coche, pues ser seguro o un peligro temerario para la sociedad.

¿Cómo podemos usar la tecnología bien?. Mis propuestas:

  • Entender conceptualmente que es un ordenador y cómo funciona
  • Funciones básicas del ordenador: aprender a copiar / pegar, crear nueva carpeta, crear accesos directos, ordenar archivos en carpetas etiquetándolas… etc, es decir, utilizar el ordenador para gestionar mejor nuestros documentos y ganarle mucho tiempo al acto de escribirlos a mano
  • Internet: utilizarlo para contrastar información y hacer una lectura crítica sobre el contenido que se está visualizando en ese momento. Actualmente se tiende mucho más al copiar / pegar, es decir a no hacer el trabajo y no aprender nada. Importante el filtro paternal para los menores, Internet está lleno de publicidad peligrosa para el menor.
  • Redes sociales: personalmente las que utilizo son facebook, twitter y google + principalmente. Es tuenti es el mayor cáncer, desde mi punto de vista, al que han podido acceder los adolescentes de ahora. Ahora bien, controlado no es peligroso.
  • Ofimática: imprescindible que la manejen por lo menos en dificultad media y entiendo por Office word, excel y power point, aunque se sería interesante que tuvieran nociones sobre bases de datos.
  • Saber comprender mínimamente lo que le pasa al ordenador y aprender a instalar, desinstarlar, grabar cd / dvd y demás.
  • Utilizar comunidades sobre temas específicos (foros, redes de blogs etc) para generar feedback con otros usuarios y que los unos puedan aprender de los otros.

Personalmente, si que soy partidario de el uso de la tecnología en la educación, siempre y cuando se haga de forma responsable y con unos conocimientos mínimos.

 

 

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