CAPÍTULO 167 – LA ANOREXIA EN EL EMBARAZO EXISTE

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  • Suelen ser afectadas que se quedan embarazadas durante su recuperación
  • Tienen más riesgo de aborto, parto prematuro o bebé de bajo peso
  • Es imprescindible el seguimiento posparto dado el alto riesgo de depresión

En el verano de 2008, algunos medios de comunicación de EEUU acuñaron un término nuevo: pregorexia, que trata de describir a las embarazadas que reducen la ingesta calórica y se exceden en la práctica de ejercicio con el fin de controlar el aumento de peso durante el embarazo.

La repercusión de este tema se remonta a 2004, cuando en Nueva York se conoció un documental titulado ‘El pequeño golpe perfecto’. En él se daban detalles de la vida de las mujeres impacientes por alcanzar el cuerpo ‘perfecto’ del embarazo. ¿Existe de verdad la pregorexia? ¿Es una invención de los medios o una preocupación verdadera de los especialistas?

La anorexia en el embarazo sí existe, tal y como reconoce la literatura científica y todos los especialistas consultados por ELMUNDO.es. Es una dura realidad que sobrepasa a la bautizada como pregorexia a la que se le han puesto, incluso, caras conocidas: Nicole Kidman, Angelina Joli o Victoria Beckham. Begoña Olartecoechea, del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra, reconoce que “son pocos los casos de las mujeres que rechazan las ganancias de peso en el embarazo, pero sí es frecuente que las pacientes se cuiden, para ajustar el incremento de peso con lo estrictamente necesario, sin que se acumulen kilos de más que después habrá que perder”.

“En el momento de recuperación parcial, existe la posibilidad de embarazo”

En la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el psiquiatra Ignacio Basurte trata 100 casos nuevos de anorexia al año, aunque no todos son en embarazadas. “La edad media de nuestras pacientes gestantes es de 30 años. Sabemos que los trastornos de la alimentación afectan al 5% de la población y dentro de este porcentaje hay casos leves y casos más graves. Aunque la mayoría de los bebés de las mujeres con anorexia nace sano, lo cierto es que en los casos más graves nos vamos a encontrar con dificultades”, declara Ignacio Basurte, de la Unidad de Trastornos de Alimentación del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Seguramente una de las primeras dudas que estén asaltando a los lectores de este artículo sea: ¿Cómo es posible que una paciente anoréxica se quede embarazada cuando la enfermedad causa la pérdida de la ovulación?

Tener hijos es posible

El doctor Basurte responde. “Muchas de las pacientes que atendemos son enfermas de evolución y no es infrecuente que a lo largo de este proceso veamos formas incompletas de anorexia o cambios de anorexia a bulimia. En ellas, podemos tener pacientes anoréxicas con ciclos menstruales adecuados, al igual que en la bulimia y en el trastorno por atracón. Actualmente, también se sabe que para quedarse embarazada, no depende tanto del peso o la grasa acumulada, sino del balance energético. Por eso, en el momento de recuperación parcial, también tendremos la posibilidad de embarazo”.

De la misma opinión se muestra María Carrera, coordinadora y psicóloga de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca. “Nuestras pacientes son enfermas que bien están recuperadas pero se acercan a la unidad porque al quedarse embarazadas tienen miedo a sufrir recaídas, aunque en ninguno de estos casos se reactivaron los síntomas. También tenemos casos en los que la gestación les sobreviene en medio del tratamiento. Se produce, asimismo, en aquellas que arrastran la patología y nunca han sido diagnosticadas”.

“Tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento”

Esta especialista, que está llevando a cabo un seguimiento de 50 pacientes y de sus hijos (primeros nacimientos), junto con el Hospital Niño Jesús de Madrid, reconoce que “el 55% de los embarazos no fueron planificados. La media de edad es de 26,8 años frente a los 30,6 que tienen las mujeres sanas cuando dan a luz a su primer vástago. Muchas de ellas no tenían la regla (aunque sí ovulaban) o sus ciclos eran irregulares y no pensaban que se podían quedar en estado”.

Los trastornos de la alimentación son más comunes de lo que se piensa en las mujeres de edad reproductiva. Verónica Bridget Ward, autora de un artículo de revisión sobre este tema publicado en el ‘British Medical Journal’, así lo reconoce. “Un cuestionario llevado a cabo con 454 mujeres británicas, entre su tercer y séptimo mes de embarazo y publicado en ‘European Eating Disorders Review’, constató que la prevalencia de algún trastorno de la alimentación era del 11,5%”.

Cómo actuar

Quedarse embarazada es un factor estresante para muchas mujeres, sobre todo para las que tienen problemas con la alimentación. La ganancia de peso y los cambios físicos que acompañan al embarazo pueden agravar el trastorno. “La mayoría de las enfermas que empeora con la gestación tiende a realizar conductas purgativas (uso de laxantes y vómitos), eleva el nivel de ejercicio y reduce su ingesta”, agrega el experto del Gregorio Marañón.

Afortunadamente, también se produce el efecto contrario.“Tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento. Se cuidan más porque temen que su enfermedad tenga repercusiones en el hijo. De hecho, nuestras pacientes redujeron la sintomatología durante la gestación”, agrega la psicóloga Carrera.

Y aunque en todos los casos se va a necesitar un seguimiento exhaustivo que debe prolongarse hasta después del parto, es en los más graves es cuando se hace “completamente necesario la coordinación con los servicios de Ginecología y Obstetricia. Cada paciente se trata de forma individualizada por un equipo multidisciplinar: médicos, psiquiatras, psicólogos, nutricionistas, enfermeras…”, declara el doctor del Gregorio Marañón, que insiste en que “tenemos un protocolo de actuación porque estos embarazos están considerados como de alto riesgo”.

Begoña Olartecoechea reconoce que “el aporte energético recomendado durante el embarazo es de unas 2.600 Kcal/día. Si la paciente no está recuperada del todo, tendremos especial cuidado en evaluar la dieta que realiza para asegurar un aporte suficiente para ella y el desarrollo de su bebé. Frecuentemente precisan de complementos alimenticios, y en casos graves, de ingreso hospitalario”.

Todas las mujeres deben ganar peso durante el embarazo y este dependerá “del estado nutricional de la madre al inicio del mismo. En aquéllas extremadamente delgadas es aconsejable que aumenten 15 kilos en las que la madre parte de una situación de obesidad al comenzar la gestación, controlaremos estrechamente la dieta… En cualquier caso, lo importante es asegurar el correcto crecimiento del bebé, con una alimentación sana, equilibrada y suficiente de la madre”, agrega la especialista de Navarra.

REFERENCIA: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/30/mujer/1333099852.html

Vivimos en la era de la imagen. Un primer golpe de vista y ya sacamos una conclusión de forma inconsciente sobre lo que nuestros ojos perciben. Los medios de comunicación reinciden, una y otra vez, en unos patrones de belleza establecidos que la población “debe seguir”.

Estos patrones de belleza suponen para la mujer una presión añadida por conseguir llegar a ese ideal de belleza y sentirse “valorada positivamente” por la población. Leen revista donde se describen “dietas milagro” que prometen bajar muchos kilos de peso en muy poco tiempo. Ante esta atrocidad, cualquier endocrino nos dirá que esto es una burrada para el organismo, que, en caso de necesidad de perder peso, ésta pérdida tiene que ser lenta y progresiva.

Pongamos por ejemplo que nos sobran 10 kilos (a priori una cantidad considerable). Si hago algunas de estas dietas milagro y suponiendo que pierda 6 kilos en una semana (pasando hambre) cuando vuelva a ingerir comida de forma normal los recuperaré e incluso los doblaré. En el caso de seguir una dieta es fundamental estar nutridos y no vale, simplemente, con ingerir alimentos de escaso aporte calórico.

Esta introducción resulta fundamental para comprender lo que es la anorexia, la bulimia, la vigorexia, todos ellos trastornos de la alimentación, que derivan más tarde en problemas psicológicos y de salud.

En este artículo van más allá e introducen un nuevo término: “pregorexia”, que se refiere a embarazadas que reducen la ingesta calórica y se exceden en la práctica de ejercicio con el fin de controlar el aumento de peso durante el embarazo. Después de leer esta descripción de la progorexia comprendemos su peligrosidad, para la mujer y, evidentemente, para el hijo.

Me quedo con una frase que dice así: “tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento”.

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