CAPÍTULO 167 – LA ANOREXIA EN EL EMBARAZO EXISTE

Imagen

  • Suelen ser afectadas que se quedan embarazadas durante su recuperación
  • Tienen más riesgo de aborto, parto prematuro o bebé de bajo peso
  • Es imprescindible el seguimiento posparto dado el alto riesgo de depresión

En el verano de 2008, algunos medios de comunicación de EEUU acuñaron un término nuevo: pregorexia, que trata de describir a las embarazadas que reducen la ingesta calórica y se exceden en la práctica de ejercicio con el fin de controlar el aumento de peso durante el embarazo.

La repercusión de este tema se remonta a 2004, cuando en Nueva York se conoció un documental titulado ‘El pequeño golpe perfecto’. En él se daban detalles de la vida de las mujeres impacientes por alcanzar el cuerpo ‘perfecto’ del embarazo. ¿Existe de verdad la pregorexia? ¿Es una invención de los medios o una preocupación verdadera de los especialistas?

La anorexia en el embarazo sí existe, tal y como reconoce la literatura científica y todos los especialistas consultados por ELMUNDO.es. Es una dura realidad que sobrepasa a la bautizada como pregorexia a la que se le han puesto, incluso, caras conocidas: Nicole Kidman, Angelina Joli o Victoria Beckham. Begoña Olartecoechea, del departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra, reconoce que “son pocos los casos de las mujeres que rechazan las ganancias de peso en el embarazo, pero sí es frecuente que las pacientes se cuiden, para ajustar el incremento de peso con lo estrictamente necesario, sin que se acumulen kilos de más que después habrá que perder”.

“En el momento de recuperación parcial, existe la posibilidad de embarazo”

En la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el psiquiatra Ignacio Basurte trata 100 casos nuevos de anorexia al año, aunque no todos son en embarazadas. “La edad media de nuestras pacientes gestantes es de 30 años. Sabemos que los trastornos de la alimentación afectan al 5% de la población y dentro de este porcentaje hay casos leves y casos más graves. Aunque la mayoría de los bebés de las mujeres con anorexia nace sano, lo cierto es que en los casos más graves nos vamos a encontrar con dificultades”, declara Ignacio Basurte, de la Unidad de Trastornos de Alimentación del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Seguramente una de las primeras dudas que estén asaltando a los lectores de este artículo sea: ¿Cómo es posible que una paciente anoréxica se quede embarazada cuando la enfermedad causa la pérdida de la ovulación?

Tener hijos es posible

El doctor Basurte responde. “Muchas de las pacientes que atendemos son enfermas de evolución y no es infrecuente que a lo largo de este proceso veamos formas incompletas de anorexia o cambios de anorexia a bulimia. En ellas, podemos tener pacientes anoréxicas con ciclos menstruales adecuados, al igual que en la bulimia y en el trastorno por atracón. Actualmente, también se sabe que para quedarse embarazada, no depende tanto del peso o la grasa acumulada, sino del balance energético. Por eso, en el momento de recuperación parcial, también tendremos la posibilidad de embarazo”.

De la misma opinión se muestra María Carrera, coordinadora y psicóloga de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca. “Nuestras pacientes son enfermas que bien están recuperadas pero se acercan a la unidad porque al quedarse embarazadas tienen miedo a sufrir recaídas, aunque en ninguno de estos casos se reactivaron los síntomas. También tenemos casos en los que la gestación les sobreviene en medio del tratamiento. Se produce, asimismo, en aquellas que arrastran la patología y nunca han sido diagnosticadas”.

“Tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento”

Esta especialista, que está llevando a cabo un seguimiento de 50 pacientes y de sus hijos (primeros nacimientos), junto con el Hospital Niño Jesús de Madrid, reconoce que “el 55% de los embarazos no fueron planificados. La media de edad es de 26,8 años frente a los 30,6 que tienen las mujeres sanas cuando dan a luz a su primer vástago. Muchas de ellas no tenían la regla (aunque sí ovulaban) o sus ciclos eran irregulares y no pensaban que se podían quedar en estado”.

Los trastornos de la alimentación son más comunes de lo que se piensa en las mujeres de edad reproductiva. Verónica Bridget Ward, autora de un artículo de revisión sobre este tema publicado en el ‘British Medical Journal’, así lo reconoce. “Un cuestionario llevado a cabo con 454 mujeres británicas, entre su tercer y séptimo mes de embarazo y publicado en ‘European Eating Disorders Review’, constató que la prevalencia de algún trastorno de la alimentación era del 11,5%”.

Cómo actuar

Quedarse embarazada es un factor estresante para muchas mujeres, sobre todo para las que tienen problemas con la alimentación. La ganancia de peso y los cambios físicos que acompañan al embarazo pueden agravar el trastorno. “La mayoría de las enfermas que empeora con la gestación tiende a realizar conductas purgativas (uso de laxantes y vómitos), eleva el nivel de ejercicio y reduce su ingesta”, agrega el experto del Gregorio Marañón.

Afortunadamente, también se produce el efecto contrario.“Tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento. Se cuidan más porque temen que su enfermedad tenga repercusiones en el hijo. De hecho, nuestras pacientes redujeron la sintomatología durante la gestación”, agrega la psicóloga Carrera.

Y aunque en todos los casos se va a necesitar un seguimiento exhaustivo que debe prolongarse hasta después del parto, es en los más graves es cuando se hace “completamente necesario la coordinación con los servicios de Ginecología y Obstetricia. Cada paciente se trata de forma individualizada por un equipo multidisciplinar: médicos, psiquiatras, psicólogos, nutricionistas, enfermeras…”, declara el doctor del Gregorio Marañón, que insiste en que “tenemos un protocolo de actuación porque estos embarazos están considerados como de alto riesgo”.

Begoña Olartecoechea reconoce que “el aporte energético recomendado durante el embarazo es de unas 2.600 Kcal/día. Si la paciente no está recuperada del todo, tendremos especial cuidado en evaluar la dieta que realiza para asegurar un aporte suficiente para ella y el desarrollo de su bebé. Frecuentemente precisan de complementos alimenticios, y en casos graves, de ingreso hospitalario”.

Todas las mujeres deben ganar peso durante el embarazo y este dependerá “del estado nutricional de la madre al inicio del mismo. En aquéllas extremadamente delgadas es aconsejable que aumenten 15 kilos en las que la madre parte de una situación de obesidad al comenzar la gestación, controlaremos estrechamente la dieta… En cualquier caso, lo importante es asegurar el correcto crecimiento del bebé, con una alimentación sana, equilibrada y suficiente de la madre”, agrega la especialista de Navarra.

REFERENCIA: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/03/30/mujer/1333099852.html

Vivimos en la era de la imagen. Un primer golpe de vista y ya sacamos una conclusión de forma inconsciente sobre lo que nuestros ojos perciben. Los medios de comunicación reinciden, una y otra vez, en unos patrones de belleza establecidos que la población “debe seguir”.

Estos patrones de belleza suponen para la mujer una presión añadida por conseguir llegar a ese ideal de belleza y sentirse “valorada positivamente” por la población. Leen revista donde se describen “dietas milagro” que prometen bajar muchos kilos de peso en muy poco tiempo. Ante esta atrocidad, cualquier endocrino nos dirá que esto es una burrada para el organismo, que, en caso de necesidad de perder peso, ésta pérdida tiene que ser lenta y progresiva.

Pongamos por ejemplo que nos sobran 10 kilos (a priori una cantidad considerable). Si hago algunas de estas dietas milagro y suponiendo que pierda 6 kilos en una semana (pasando hambre) cuando vuelva a ingerir comida de forma normal los recuperaré e incluso los doblaré. En el caso de seguir una dieta es fundamental estar nutridos y no vale, simplemente, con ingerir alimentos de escaso aporte calórico.

Esta introducción resulta fundamental para comprender lo que es la anorexia, la bulimia, la vigorexia, todos ellos trastornos de la alimentación, que derivan más tarde en problemas psicológicos y de salud.

En este artículo van más allá e introducen un nuevo término: “pregorexia”, que se refiere a embarazadas que reducen la ingesta calórica y se exceden en la práctica de ejercicio con el fin de controlar el aumento de peso durante el embarazo. Después de leer esta descripción de la progorexia comprendemos su peligrosidad, para la mujer y, evidentemente, para el hijo.

Me quedo con una frase que dice así: “tener un hijo puede suponer una ‘oportunidad’ para salir de la anorexia si se está siguiendo un tratamiento”.

CAPÍTULO 166 – EL PODER DEL PENSAMIENTO POSITIVO

 

Ya desde el parvulario los pequeños saben que el pensamiento positivo les hará más felices y en esta tarea parece que los padres desempeñan un importante papel. Su optimismo puede ayudarles a entender cómo influyen los pensamientos en las emociones.

Según los autores del estudio que analiza esta cuestión, publicado en‘Journal Child Development’, “nuestros datos demuestran que los progenitores son clave para que los niños aprendan a usar el pensamiento positivo para sentirse mejor ante situaciones difíciles”.

Con tan sólo cinco años se dan cuenta de que las personas con pensamiento positivo se sienten mejor que aquellas con ideas más negativas y, según van creciendo, entre los cinco y los 10 años, aumenta su conciencia sobre cómo las reflexiones internas pueden modificar las emociones incluso ante circunstancias objetivamente negativas.

Así le ocurría a la mayoría de los 90 niños (entre cinco y 10 años) incluidos en la investigación desarrollada en la Universidad de Jacksonville y de California (EEUU). Escuchaban seis historias ilustradas en las cuales había dos personajes que vivían una experiencia positiva, negativa y un tercer escenario en el que experimentaban una situación ambigua. Uno de los dos mostraba un pensamiento optimista y otro, uno más derrotista. Los niños tenían que describir y explicar las emociones de ambos. Como señalan los autores, captaban perfectamente la diferencia. Percibían que el primero se sentía mejor, independientemente del acontecimiento que afrontara. En definitiva, “entendían que pensar en positivo mejora las emociones y la negatividad, sin embargo, hace sentir peor”.

Desde muy pequeños, confirma Mara Cuadrado, psicóloga infantil del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, “ya se dan cuenta de quién es más feliz y quiénes ven la vida de forma más triste. En los colegios, por ejemplo, cuando han tenido una profesora risueña, optimista y que no se deja llevar por el malhumor momentáneo ante las incidencias del día, tienden a preguntar por ella y querrían volver a verla”.

El ejemplo de los padres

La investigación estadounidense también refleja hasta qué punto puede ayudar el optimismo y la esperanza de los padres en sus hijos. Según los autores del estudio, estos dos aspectos proporcionan más habilidades al pequeño para entender el poder del pensamiento positivo. Como asegura Christi Bamford, una de las responsables del trabajo y psicóloga en la Universidad de Jacksonville, “aparte de la edad, lo que más ayuda a un niño a conocer los beneficios del pensamiento positivo es el nivel de esperanza y optimismo de sus padres”.

La psicóloga lo ve en su consulta. “Veo padres tristes, que no se emocionan por nada y dejan que pase el día. Esos niños, a menos que tengan otras influencias, probablemente tomen esa misma actitud. Al fin y al cabo, aprendemos de lo que vemos y escuchamos, entre otras cosas”. Y agrega: “Especialmente entre los cinco y los 12 años, los padres tenemos mucha capacidad para influirles y ellos tienen una enorme facilidad para adaptarse. Podemos ayudarles a ser más felices a pesar de las experiencias difíciles que les toque vivir”.

Un padre positivo, incide Cuadrado, “potencia lo mejor del niño y le enseña a confiar en sí mismo y en los demás. Le enseña que un hecho negativo es un problema, pero un problema que él puede resolver con sus propias herramientas”. Sin embargo, un padre negativo “les hace ver a sus hijos las desgracias de la vida y a desconfiar de todo el mundo; reduce su autoestima”.

El optimismo en la consulta

En la práctica clínica, “muchas terapias cognitivo-conductuales se centran en el pensamiento positivo, intentando cambiar los negativos por los más optimistas”, afirma Diego Padilla, psicólogo clínico del Área de Gestión Clínica de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario 12 de Octubre. La idea es habilitar a la persona para que maneje sus pensamientos. Cuando es positivo, “el niño es más feliz, estudia más, se relaciona con mayor facilidad…”. Sin embargo, cuando es negativo, como por ejemplo cuando piensa “se van a reír de mí”, el pequeño tiende a lo contrario, a retraerse más.

Sin embargo, el hecho de que el pequeño sepa manejar mejor sus pensamientos no depende sólo de los padres, recalca el experto español al comentar el estudio. Ellos pueden ayudarle a entender que permiten sentirse mejor en cualquier circunstancia de la vida, pero existen numerosos factores que influyen en la capacidad del niño para ser más optimista. “El contexto social, cultural, político, económico, sus propias experiencias, etc. conforman el estado emocional del menor”, subraya.

No obstante, este psicólogo señala que en la consulta clínica empiezan a manejar otras herramientas para cambiar los comportamientos de los niños con problemas. “Cuando el menor cree, por ejemplo, que no va a aprobar una asignatura, en lugar de intentar cambiar esta idea por otra más optimista, procuramos que se centre en otros valores (familia, amigos, etc.) y practique ejercicios para que sean capaces de distraerse, de alejarse de los pensamientos ‘dañinos'”.

Aunque cambiar los pensamientos negativos por los positivos produce mejoras en un plazo corto de tiempo, a la larga, “no funciona tanto. Obliga a la persona a luchar contra sus propias emociones y eso es muy difícil de cambiar. Parece que da mejores resultados aceptar los pensamientos de uno mismo e intentar alejarse de aquellos más dañinos”. En el hospital donde trabaja este especialista, están desarrollando un estudio sobre esta nueva estrategia y “vemos que en unas seis o siete sesiones ya podemos dar el alta al 50% de los niños que vienen a consulta, por ansiedad, problemas adaptativos, depresión o trastornos de déficit de atención e hiperactividad”.

Referencia: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/12/26/neurociencia/1324886162.html

Lo primero de todo, ¡feliz 2012!. Para empezar el año, nada mejor que un artículo positivo (que con la que está cayendo hay que indagar bastante en los medios de comunicación) de el periódico “El Mundo” del pasado 26 de diciembre.

Seleccioné este artículo para comenzar el año con buen pie. He recalcado en multitud de ocasiones por este medio que “los niños de hoy son los adultos del mañana”. Pues bien, este artículo es precisamente lo que necesitaba ya que se centra en niños comprendidos en las edades que abarcan desde los cinco hasta los diez años.

Ser positivos y optimistas nos da esa pizca de ventaja necesaria frente a los pesimistas y derrotistas a la hora de encontrar un trabajo, aprobar un examen, conseguir una pareja, vivir de acuerdo con nuestra filosofía de vida y no de acuerdo a una vida impuesta por el poder, etc…

A los medios de comunicación les interesa que seamos pesimistas, que culpemos a la mala suerte, que ensalcemos irracionalmente al azar… es decir, que seamos borregos y nos dejemos llevar. No les interesa en cambio, que nos atrevamos a vivir nuestros sueños, a ilusionarnos con algo, a pensar por nosotros mismos, es decir, que nos atrevamos a vivir.

Nuestro modo de vida debe ser un ejemplo para nuestros hijos, pues somos su espejo y su modelo de imitación. Un niño aprende, entre otras cosas, imitando a los mayores, siendo una esponja conductual. Niños que observan a sus padres discutir continuamente, faltas de respeto, violencia en sus hermanos, falta de responsabilidad en el seno familiar… son niños abocados irremediablemente al fracaso.

En cambio, niños que ven que sus padres se quieren, se respetan, que tienen un entorno favorable, buenos amigos, padres que se atreven a manifestar sus opiniones y sentimientos sin tratar de imponer su “verdad” al otro, son niños que serán felices en el futuro.

Educar es un arte, un trabajo tedioso y agotador. Pero, al fin y al cabo, educar es un arte en el que merece mucho la pena esforzarse. Los beneficios no son los capitalistas: ganar dinero, mantener una empresa, hacerla crecer… ¡PODER! ; los beneficios de una buena educación son infinitamente superiores: felicidad, amor, solidaridad, tolerancia, salud mental, buena convivencia.

En conclusión: cada vez que una persona tiene éxito educando a sus hijos o sus alumnos (o ambos) la recompensa es tremendamente gratificante: un trozo de la sociedad es más feliz, sencilla y llanamente.

CAPÍTULO 164 – TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN

 

Una visión más pragmática se impone en la aplicación al aula de medios digitales

 

En educación existen dos puntos de vista extremos con respecto al uso de la tecnología. Por una parte, están sus defensores a ultranza, a quienes se ha dado en llamar evangelistas, y que recuerdan que una integración óptima de la tecnología permitiría cambiar el paradigma de la educación escolar, centrándolo mucho más en la actividad del alumno. Por otra parte, también hay voces que sostienen que la tecnología no es ni más ni menos que una fuente de entretenimiento que no hace más que distraer a los alumnos, y a sus docentes, de lo sustancial: aprender cosas serias.

Curiosamente, ninguna de estas dos perspectivas parece responder a las preguntas que un profesional de la docencia generalmente se hace y que básicamente tienen que ver con la mejora de las prácticas de enseñanza y aprendizaje, y de los resultados educativos. Por esta razón, comienza a cobrar fuerza una nueva visión centrada en el realismo: ¿Servirán estas soluciones a “docentes como yo”, es decir, a profesionales que ni pretenden ser paladines de la tecnología ni tampoco acérrimos protectores de la pizarra, sino sencillamente buenos docentes?

A estas alturas no debería ser necesario recordar las razones por las que cabría esperar que la tecnología tuviera ya una mayor presencia en las aulas. Para empezar, las hay relacionadas con los cambios en las demandas de los mercados laborales; de hecho, sabemos a ciencia cierta que la mayor parte de los alumnos que hoy están en las aulas de la ESO tendrán trabajos en los que la tecnología y el conocimiento tecnológico serán capitales. En segundo lugar, está la cuestión de la brecha digital. Ahí la escuela sigue siendo un bastión muy importante. En tercer lugar hay que recordar una vez más el flaco favor que conceptos como el de nativos digitales hacen a la educación al presuponer, erróneamente como se ha demostrado de forma empírica en multitud de ocasiones, que por el mero hecho de ser diestros en el manejo de determinados dispositivos, aplicaciones o servicios son automáticamente maduros en términos de competencias requeridas y de valores y usos responsables de la tecnología. ¿Dónde, si no es en la escuela, se puede aprender a manejar responsablemente la información y a transformarla en conocimiento? ¿Dónde se puede aprender a cooperar y a no plagiar?

En todo caso, es innegable que las tecnologías digitales forman parte indisociable del paisaje escolar: el 93% de los alumnos de 15 años de la OCDE asisten a una escuela en la que cuentan con acceso a un ordenador y prácticamente el mismo porcentaje (92,6%) dispone igualmente de acceso a Internet. España se encuentra, en este sentido, ligeramente por debajo de la media (90%), pero ciertamente con una cifra nada despreciable.

Pese a todo, cuando se examinan con detalle los datos acerca de los usos escolares de la tecnología emerge una imagen extremadamente compleja. Por una parte, el porcentaje de alumnos de 15 años de edad en los países de la OCDE que usa como mínimo 60 minutos a la semana el ordenador en el aula es siempre inferior al 4% en todos ellos y apenas alcanza el 1,7% en el caso del área de matemáticas. Y son estos mismos alumnos los que, en un 50%, utilizan prácticamente a diario la tecnología para realizar sus tareas escolares… en casa. Por otra parte, más del 75% de los docentes utiliza casi diariamente el ordenador para la preparación de sus clases o para la realización de tareas administrativas, por no hablar de los usos privados, cuando apenas se sirve de él en el aula.

De esta realidad tan compleja hay quien hace lecturas extremadamente simplistas, ya sea para denigrar las inversiones realizadas o, lisa y llanamente, para enviar un mensaje de desconfianza hacia la escuela y los docentes, a quienes se les exige un esfuerzo titánico de cambio de paradigma. Sin embargo, la complejidad de los datos exige una buena dosis de realismo: lo que funciona en tecnología y educación son aquellas soluciones que permiten llevar a cabo el trabajo escolar de forma más eficiente. Esto explica por qué, por ejemplo, los alumnos utilizan masivamente la tecnología para sus trabajos escolares, aunque siendo, como muchos son, huérfanos digitales de cualquier tipo de influencia educativa sobre esta materia, confundan eficiencia con plagio o prescindan de cualquier esfuerzo de procesamiento crítico de la información -razón de más para insistir de nuevo en la importancia de la escuela en este ámbito-.

Y esta misma búsqueda de la eficiencia explica también por qué los docentes encuentran óptimas las soluciones que la tecnología les ofrece para preparar sus clases o presentar mejor los contenidos en el aula, pero no todavía para cambiar sus formas de enseñanza. Muy probablemente las soluciones tecnológicas que se proponen no son suficientemente convincentes para la gran mayoría de “docentes como yo”, probablemente porque el esfuerzo que exige su adopción no parece suficientemente recompensado, ni por el sistema en forma de incentivos para la carrera profesional, ni por los resultados obtenidos, ya que la forma y los contenidos de lo que hoy se evalúa no se corresponden todavía con las expectativas y las necesidades de la sociedad y de la economía del conocimiento.

Los datos sobre la intensidad y la variedad de los usos de la tecnología en el aula no transmiten la imagen que tal vez cabría esperar de la escuela de la sociedad del conocimiento. El análisis de las buenas prácticas en materia de tecnología y escuela muestra que uno de los factores más importantes es el maridaje entre el compromiso profesional docente, con un marco institucional favorable y un liderazgo escolar que le apoye. Si realmente se desea que las buenas prácticas se generalicen, el sistema escolar en su conjunto debe ser permeable a la innovación sistémica; es decir, debe contar con herramientas que permitan examinar con realismo en qué tareas o para qué problemas docentes pueden existir soluciones tecnológicas apropiadas, que mejoren la eficiencia del trabajo escolar o, sencillamente, que lo hagan aún más interesante.

Puede que la tan deseable revolución en el paradigma de la educación escolar todavía tarde en llegar, pero la escuela y muchos docentes, lo mismo que los alumnos, se están moviendo: han depositado su confianza en unas soluciones tecnológicas que les permiten trabajar de forma más eficiente. Y, en el caso docente, este trabajo consiste hoy en buscar fórmulas que permitan que los alumnos aprendan más, mejor y, probablemente, distinto.

Referencia:http://www.elpais.com/articulo/educacion/tecnologia/educacion/dosis/realismo/elpepuedu/20111121elpepiedu_1/Tes

Tecnología y educación. Educación y tecnología. Términos que serán compatibles dependiendo de la destreza pedagógica del docente, es decir, la capacidad que éste tenga para usar la tecnología de un modo adecuado. Puede ser una absoluta pérdida de tiempo o todo lo contrario. Todo depende de cómo se enfoque.

Mi punto de vista: urge en estos tiempos un uso correcto de los ordenadores, proyectores, pizarras digitales y demás en los institutos y en las universidades también, aunque en éstas últimas están algo mejor. El primero que se tiene que poner al asunto es el profesor. No puede ser exigir algo a los alumnos que tu mismo no dominas. Ahora me viene a la mente todos aquellos profesores y profesores que literamente leen el powerpoin invitando a la conclusión de sus alumnos de “eso también lo se hacer yo” y a la sensación de “este profesor no se ha preparado la clase” y tal, que puede coincidir con la realidad o no.

Mi visión sobre los alumnos de institutos y también de universidades. En general, la juvetud usa mucho el ordenador, pero no tiene ni idea de usarlo, perdiendo en el ordenador una cantidad tremenda de tiempo. Me explico mejor: yo aprendí a manejar el ordenador con un viejo Amstrand hasta llegar al MacBook desde el que estoy escribiendo. Mi proceso de aprendizaje fue el siguiente (aproximadamente):

  • MS-II
  • Windows 3.1
  • Windows 95
  • Windows 98 y 2º edición Windows 98
  • Windows ME
  • Windows 2000
  • Windows XP
  • Leopard
  • Windows Vista
  • Snow Leopard
  • Ubuntu
  • Windows 7
  • Lion

También me manejo en la varios paquetes ofimáticos tanto online como en el propio ordenador. Manejo algo el Photoshop, sabía manejar contabilidad (se me ha olvidado por no usarlo) y otros programas específicos. Esto es normal en aficionados a la tecnología que tuvieron la oportunidad de pequeños de aprender de verdad informática.

¿Qué hacen los adolescentes ahora y muchos universitarios?. Pasarse horas delante del tuenti, facebook, badoo y demás redes sociales y apenas sabiendo manejar la ofimática (que se supone que es el epicentro tecnológico de la educación). Ahí veo realmente el problema. Personalmente he tenido profesores que la han sabido manejar (los menos) y que se pierden más que un ciego en mitad de un desierto (la inmensa mayoría).

Entonces ¿es buena o mala la tecnología para la educación?. Señores, la tecnología (entendamos en este contexto como tecnología ordenadores e internet) es tan sólo una herramienta. ¿Es conducir un coche normal seguro? pues depende de las manos y pies que manejen dicho coche, pues ser seguro o un peligro temerario para la sociedad.

¿Cómo podemos usar la tecnología bien?. Mis propuestas:

  • Entender conceptualmente que es un ordenador y cómo funciona
  • Funciones básicas del ordenador: aprender a copiar / pegar, crear nueva carpeta, crear accesos directos, ordenar archivos en carpetas etiquetándolas… etc, es decir, utilizar el ordenador para gestionar mejor nuestros documentos y ganarle mucho tiempo al acto de escribirlos a mano
  • Internet: utilizarlo para contrastar información y hacer una lectura crítica sobre el contenido que se está visualizando en ese momento. Actualmente se tiende mucho más al copiar / pegar, es decir a no hacer el trabajo y no aprender nada. Importante el filtro paternal para los menores, Internet está lleno de publicidad peligrosa para el menor.
  • Redes sociales: personalmente las que utilizo son facebook, twitter y google + principalmente. Es tuenti es el mayor cáncer, desde mi punto de vista, al que han podido acceder los adolescentes de ahora. Ahora bien, controlado no es peligroso.
  • Ofimática: imprescindible que la manejen por lo menos en dificultad media y entiendo por Office word, excel y power point, aunque se sería interesante que tuvieran nociones sobre bases de datos.
  • Saber comprender mínimamente lo que le pasa al ordenador y aprender a instalar, desinstarlar, grabar cd / dvd y demás.
  • Utilizar comunidades sobre temas específicos (foros, redes de blogs etc) para generar feedback con otros usuarios y que los unos puedan aprender de los otros.

Personalmente, si que soy partidario de el uso de la tecnología en la educación, siempre y cuando se haga de forma responsable y con unos conocimientos mínimos.

 

 

CAPÍTULO 160 – LA EMPRESA DESPRECIA EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD

Un estudio señala que para la patronal es sólo un lugar que produce titulados

Las empresas españolas sólo se pasan por el campus para buscar trabajadores baratos. Un estudio elaborado a casi 200 compañías por la Fundación Cooperación y Desarrollo destaca que los empresarios desconfían del papel de la universidad en el desarrollo económico de la sociedad. El 77% de las relaciones entre la empresa y el campus corresponde a convenios de prácticas laborales de los alumnos. Un 46% de las empresas consultadas reconoce que carece de vínculos con la universidad.

La encuesta lanza una opinión preocupante de la patronal. El 90% de los encuestados considera que la aportación única de la universidad al motor de la economía es producir titulados de estudios superiores.

De hecho, casi la mitad de los empresarios considera que las universidades tienen una organización “inadecuada” para tener un papel importante como motor de la economía. La entidad que elabora el informe, presidida por Ana Patricia Botín (presidenta de la filial del Banco Santander en Reino Unido), cuenta entre sus patronos con las principales compañías del Ibex 35.

El informe es la segunda edición que edita la Fundación CyD tras la de 2004. Las opiniones de los empresarios al respecto de la universidad han empeorado. Los que peor consideración tienen de la utilidad o eficacia de la universidad son los pequeños y medianos empresarios.

Referencia: http://www.publico.es/espana/351587/la-empresa-desprecia-el-papel-de-la-universidad

Hace mucho tiempo (desde que entré en la Universidad) que pienso que la Universidad necesita una reforma urgente. No sólo en los contenidos que se imparten por cada asignatura, sino en la formación de los profesores, que en la mayoría de los casos no se reciclan para nada. Dan contenidos obsoletos, que hace diez o quince años eran correctos, pero la sociedad avanza y, al parecer, ellos no.

No se puede afirmar tajantemente una realidad sin tener conocimiento de ella. Lo primero España está demasiado fragmentada, a nivel de competencias en los siguientes apartados: Estado, Comunidad Autónoma, Diputaciones, Comarcas, Ayuntamientos (entre otros), con lo cual, la actualización de contenidos en este aspecto es una dificultad añadida.

Solamente algunas cosas son globales, pero en general está demasiado fragmentado. Me explico: no tiene nada que ver una persona que estudie Educación Social en Granada o en Valladolid, los contenidos son muy distintos, la distribución de los créditos también y la calidad de enseñanza… bueno, eso no, es pésimo en ambos casos.

Pero… ¿porqué está tan mal valorada la Universidad española?. La mejor valorada es la Universidad de Barcelona, pero aún así está lejísimos de las británicas y norteamericanas. Hablaré de la realidad que conozco. Aparentemente dar clase en una carrera de educación, sociología… es mucho más fácil que en una ingeniería, parece una realidad mas que evidentemente que casi nadie pone en duda. Creo que es una realidad engañosa, porque la sociedad cambia continuamente, es un término muy inestable. Los conocimientos y preparación que tienes un año, no sirven en absoluto para el siguiente, ya que cambian las estadísticas, la prioridad de las preocupaciones de los ciudadanos, los programas sociales… etc.

Los estudios sociales tocan varios campos: violencia de género, educación para la paz, habilidades sociales, inmigración (movimientos migratorios, alfabetización, integración en la sociedad, motivos que les llevan a desplazarse, necesidades que tienen que cubrirse urgentemente… etc), ocio y tiempo libre, empleo (empleabilidad, técnicas de búsqueda de empleo, seguimiento…), tercera edad, discapacidad (física, psíquica, sensorial, intelectual), medio ambiente y un largo etc.

¿Qué está pasando para que esté tan mal valorada la Universidad?. Que los profesores no se reciclan, se acomodan en sus estables sueldos, pierden tiempo, las clases que imparten en su mayor parte las darían mejor alumnos… ¿por falta de preparación de los profesores? en algunos casos puede ser, pero me inclino más en la falta de interés y profesionalidad.

Por ejemplo, en Educación Social, en primero tuve que superar Bases de Economía y Fundamentos de Derecho que no iban destinados a la economía doméstica y a las leyes de servicios sociales respectivamente, sino que hablaban de temas que en nuestra especialidad no sirven de nada.

Un ejemplo práctico: en tercero de carrera hice las prácticas en Cáritas en el área de empleo, y en la carrera de empleo no me han mencionado ni un renglón, me las arreglé gracias a la formación que obtuve en Integración Social (Ciclo Formativo de Grado Superior).

Señoras y señores, aquí una realidad palpable: la formación profesional supera con creces a la universidad. Los técnicos SABEMOS TRABAJAR y los universitarios, la mayoría no (en su especialidad me refiero), así que es normal que las empresas valoren tan mal a los universitarios, debido a nuestro síndrome de “titulitis” y creyentes de que somos los amos del mercado cuando somos el último mono (como todo profesional cuando empieza).

El secreto del éxito, por lo menos en mi caso (que dadas las circunstancias creo que no me apaño mal en el ámbito laboral) es trabajar con humildad y escuchar con detenimiento y respeto a la gente que lleva mucho tiempo en su trabajo y lo hace bien e intentar aprender lo máximo de ellos, aportando algo creativo a lo que hemos aprendido y a tener iniciativa y ganas de aprender.

En el ámbito laboral se valora muchísimo la iniciativa, humildad y ganas de aprender algo que nuestros profesores universitarios en su mayoría no nos transmiten y por lo tanto, nosotros no transmitimos a las empresas y de ahí la mala opinión de las empresas acerca de la universidad.

 

 

 

CAPÍTULO 159 – FALTA PERSONAL DE APOYO EN LOS CENTROS ESCOLARES

En la escuela española escasean los perfiles profesionales que refuercen la labor educativa

El número de profesores en las escuelas españolas no está lejos del que tienen otros países avanzados. De hecho, la proporción de gasto corriente en educación destinado al pago del profesorado en Primaria y Secundaria es del 73,2% mientras que la media de la OCDE es del 63,8%. La diferencia estriba en otros perfiles profesionales necesarios en la escuela, en lo que España está más escasa: “El informe de la OCDE pone de manifiesto la carencia de otro tipo de personal de apoyo en tareas no académicas, pero no solo en administración y servicios. Se trata de personal técnico de orientación, mediadores, trabajadores sociales, bibliotecarios etcétera. Este personal supone un gasto corriente de 15,4% en la OCDE, pero en España de sólo el 9,7%”, explica Miguel Recio, del Observatorio Social de la Educación de la Fundación 1º de Mayo (CC OO).

Los maestros y profesores españoles tampoco están mal pagados respecto a sus colegas de la OCDE. Cobran parecido al inicio de su profesión y al término de ella, aunque tardan más años en llegar a ese sueldo final. Sin embargo, entre 1996 y 2008, cuando en casi todos los países los salarios de los docentes crecieron, en España bajaron seis puntos para los de Primaria y siete para los de Secundaria. “Y eso que a partir de 1996 fueron años de crecimiento económico, en los que, tras el descenso del porcentaje del PIB destinado a gasto público educativo en los años de la crisis del 4,9% de 1993, al 4,6% de 1996, se esperaba que, con la mejora de la economía y una reforma que extendía la escolarización obligatoria e implantaba una nueva FP, los recursos educativos crecieran. No fue así”, lamenta Recio. “En los años de Gobierno del PP se presentaron leyes nuevas sin memoria económica ni respaldo financiero”, critica.

El número de días lectivos de los profesores españoles es una decena menos que el de la media de la OCDE (176 frente a 186, más o menos), sin embargo, las horas de clase que imparten están por encima de las que acreditan sus colegas de estos otros países. “No hay datos de la distribución de esas horas a lo largo del día, pero el predominio de la llamada jornada continuada indica que se cumple este perfil: gran concentración en el día y en la semana de horas lectivas”, dice Recio. La jornada continuada se ha justificado en España en muchas ocasiones atendiendo al clima, al calor del verano. Pero en la actualidad el debate sobre el calendario escolar parece reabrirse. “Sí, exige una revisión en la distribución de las horas, no en su número, con la esperanza de que influya en la mejora del rendimiento escolar, al fijarse de una manera más racional”, afirma Recio.

Referencia:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Falta/personal/apoyo/centros/escolares/elpepusocedu/20100913elpepusoc_3/Tes

Estoy de acuerdo en parte con el contenido del artículo. Cierto es que falta personal y que los profesionales docentes deberían estar más apoyados por otros profesionales complementarios ; cierto es también que es urgente aumentar el rendimiento escolar y que en España estamos un poco cojos en temas educativos.

Para mi este punto es imprescindible para el crecimiento humano (más alla del económico ) de cualquier pueblo, ciudad, región, país, zona… es importante porque la educación nos enseña a pensar, nos ayuda a evolucionar como seres humanos y a sacar máximo provecho de nuestras cualidades positivas, también llamadas virtudes, que toda persona posee (si, toda persona).

¿Qué debemos hacer para aumentar el rendimiento escolar y por ello, mejorar nuestra educación?. Pues estructurarla mejor, profesores mejor preparados, dar oportunidad a tanta gente igual de válida o mas que la que está dando clase en la actualidad (todos sabemos a que profesores me refiero, no a todos, evidentemente) tan agarrada a su puesto fijo.

Claro que, para aumentar la calidad de la docencia es imprescindible renovar conocimientos, actualizarse, implicarse, EMPATIZAR CON EL ALUMNO (quizás lo más complicado de hacer en la docencia, pero lo más importante). Es decir: poner esfuerzo y dedicación a lo que se está haciendo, no “quitarse la clase del medio” o “resolver con el primer examen que me invente en 10 minutos”.

Personalmente, estuve un tiempo dando charlas de educación para la salud en Institutos de Educación Secundaria (en 2º,3º y 4º de la ESO). Es verdad que son adolescentes, revolucionados hormonalmente, y que no paran quietos… entonces, si les metes una “chapa” en plan monótono y aburrido normal que no quieran ir a clase y que cuando vayan ocurran dos cosas: o que se duerman o que no paren de hablar entre ellos. Las clases deberían ser más dinámicas y menos aburridas (no en todas las asignaturas es posible, hay asignaturas coñazo por definición). El objetivo es DESPERTAR LA CURIOSIDAD DEL ALUMNO, y aprender más por asociación que por memorización, pues, por esta última, el alumno terminará odiando la asignatura y no querrá saber mas de ello cuando pase el examen.

Otro apartado interesante del artículo es el énfasis que hace en los años 1998 a 2008, en los que se especifica que a pesar de que España creció económicamente, la inversión en educación mermó: amigos, bienvenidos a nuestro amigo el capitalismo una vez mas, pensamos mas en tener mas dinero y poder consumir mas que en evolucionar como personas y ser mas felices, con lo que la ansiedad por el consumo generada por el capitalismo es inversamente proporcional a la felicidad por saber vivir mejor. Yo resumiría todo esto en una simple frase: “el que mas tiene es el que menos necesita”.

Con lo cual, si tenemos una mejor educación, tendremos mayor predisposición a ser optimistas, positivos… mayor rendimiento obtendremos de nosotros mismos. Un ejemplo claro es Google, ese gigante de internet que está dominando el mundo de las nuevas tecnologías… echad un vistazo a como tratan a sus empleados y sus métodos de trabajo, y entendereis mejor este concepto.

ORIENTACIÓN VOCACIONAL Y TRABAJO

orientacion-vocacional-y-trabajo

Muchos tienen problemas para elegir una carrera, porque sus aspiraciones personales no coinciden con las necesidades del ambiente en que viven.

Vivimos en una sociedad, y participar con nuestro trabajo es uno de los principales motivos para estudiar y darle un sentido valioso a la existencia.

El mayor reconocimiento de las capacidades que se adquieren a través de una carrera universitaria se da en el trabajo y el rendimiento se incrementará en la medida que se puedan hacer efectivos esos conocimientos. Porque la teoría no es suficiente sin la práctica en la realidad, que es el verdadero campo de estudio.

En este caso, muy frecuente, los aspirantes a ingresar a la universidad, no tienen que apresurarse a tomar una decisión hasta convencerse que la carrera que van a estudiar les abrirá las puertas del campo laboral.

No se trata de renunciar a la vocación, sino de elegir entre todas las vocaciones que seguramente tienen, la más adecuada para integrarse al mundo del trabajo sin demasiada competencia y con mayores posibilidades de progreso.

Uno de los principales problemas para elegir carrera es el inmenso universo de opciones laborales que existen en una gran ciudad con muchos habitantes; que aunque parezca que ya está todo hecho, esto no es así, porque no sólo aún queda mucho por hacer sino que también hay gran cantidad de cosas que hay que cambiar.

Las áreas de energía, ecología y genética, ofrecen un amplio campo para la investigación, y necesita jóvenes capaces y creativos para colaborar en su estudio y desarrollo.

Los problemas que enfrenta el mundo con respecto al cambio climático y la contaminación requieren nuevas ideas, mentes abiertas que estén dispuestas a trabajar con un objetivo propio, que incluya además un beneficio para la humanidad.

Algunos sabios dicen que todos los problemas de este mundo tienen una solución, porque los problemas son sólo una parte de la realidad, y la solución es la otra parte, porque ambas, opuestas, conforman la unidad.

El área de la química, tiene posibilidades de trabajo, ya que no hay muchos aspirantes para esta carrera y cada vez son más necesarios los profesionales de esta especialidad en las empresas.

Es conveniente informarse adecuadamente sobre el campo laboral de cada carrera, visitar las universidades, hablar con profesionales que ya están trabajando en esas mismas áreas, observar su estilo de vida, su personalidad y cotejar si ustedes tienen el mismo perfil y si están en condiciones de disfrutar de esa posición y de ese trabajo.

En Argentina, las Universidades oficiales son gratuitas, de modo que otra obligación moral de todo estudiante debería ser retribuir con su participación creativa a la sociedad, por el costo que sus estudios demandaron.

Es un privilegio del que no gozan los jóvenes de muchos países en el mundo, incluso más desarrollados que el nuestro, donde existen planes de ahorro para que los padres puedan enviar a sus hijos a la universidad, o bien préstamos bancarios, para aquellos cuyas familias no han podido hacer tal previsión, para devolver cuando se reciban.

La mayoría de los estudiantes de las universidades estatales de este país, trabaja horarios de ocho horas, y otros más afortunados cumplen medio turno.

Trabajar y estudiar requiere determinación, disciplina y motivación, vivir una vida ordenada y estar bien organizado, además de tener deseos de terminar la carrera y recibirse.

Cualquier carrera se puede cursar normalmente, estudiando dos horas por día, todos los días de la semana, de lunes a domingo, desde el primer día de clase; y el día que no se estudia, deberá ser recuperado los días subsiguientes.

Un examen libre exige una preparación de treinta días estudiando dos horas a la mañana y dos horas a la tarde, si se puede; y si no, cuatro horas seguidas con diez minutos de descanso cada hora. Mientras los exámenes de materias que se cursan regularmente se pueden preparar en una semana dedicándole la misma cantidad de horas.

Este método de estudio da excelentes resultados siempre que tengan asistencia perfecta a las clases teóricas y prácticas.

Esta forma de enfrentar el desafío de cursar una carrera universitaria se convertirá en un modo de vida y una manera de encarar la profesión y las demás obligaciones de la vida.

Referencia: http://psicologia.laguia2000.com/orientacion-vocacional/orientacion-vocacional-y-trabajo

Este artículo es muy interesante, evidentemente le tengo que dar la perspectiva española, ya que es donde vivo, pero el tema es universal en cualquier universidad del mundo ¿qué estudio?, ¿qué es lo que me gusta?. ¿qué es lo que probablemente me proporcione más posibilidades de conseguir un puesto de trabajo bien remunerado y que me satisfaga en cuanto a mis inquietudes profesionales?.

En cuanto a las inquietudes profesionales, yo siempre defendí más a las formaciones profesionales que a las carreras universitarias, pero estas últimas, aunque menos pragmáticas nos dan mas “estatus” y podemos exigir mayor remuneración económica ya que nuestra categoría es superior (no olvidemos que también esa categoría superior generalmente va acompañada de una responsabilidad mucho mayor).

Desde mi punto de vista, considero que es preciso seleccionar un estudio en el que creas que eres más eficaz y más eficiente para la sociedad. Todos tenemos habilidades, aspectos positivos que deberíamos aportar al resto de la sociedad, es decir, primero debemos responder a la pregunta ¿qué se me da bien? y hacer una reflexión al respecto. Algunos tienen paciencia, buen trato con la gente, saben escuchar, es decir, manejan bien las habilidades sociales… entonces es recomendable alguna carrera social, algo humanista, es decir mi campo. En Formación Profesional esto se llama SERVICIOS SOCIOCULTURALES Y A LA COMUNIDAD y en la Universidad tenemos Terapia Ocupacional, Educación Social, Trabajo Social, Educación Infantil, Educación Especial…

Si somos capaces de explicar algo complejo de forma sencilla nuestro campo es la enseñanza, magisterio.

Si somos muy creativos nuestro campo son las artes. Si además tenemos mucha capacidad de abstracción y manejamos mucha información en poco tiempo, nuestro campo es el de las ingenierías. Según nuestras capacidades nos conviene una orientación u otra.

En mi caso, se perfectamente que en mi campo, no voy a tener grandísimas remuneraciones económicas, pero me enriquece mucho a nivel personal y emocional poner mi grano de arena en ayudar a un desempleado, un transeúnte, un inmigrante marginado, hacer sonreir a la tercera edad… etc, y para mi, eso es ser millonario, aunque me tenga que hipotecar como el 80% de la humanidad, y hacer cuentas para pasar el mes… pero me levanto de la cama para hacer lo que me gusta hacer y considero eso el mayor de los privilegios.

Tu puedes disfrutar pintando, dibujando, escribiendo (a mi, por ejemplo, me encanta escribir y no lo tengo del todo descartado), cantar, la fotografía… busca tu campo y persigue tus objetivos; para la consecución de los mismos es recomendable ser optimista y ambicioso, es decir, creer que puedes conseguirlo e intentar mejorar siempre.

También es importante no dejarte convencer por nadie (ni por los párrafos que estoy escribiendo ahora mismo). Es de vital importancia pensar por uno mismo, abrirse a las posibilidades que ofrece la vida (que son muchas y variopintas) y tomar nuestras propias elecciones, porque la elección final la tiene cada persona misma.

En la toma de decisiones, hay que arriesgarse, porque si no te arriesgas caes en el conformismo y eso lleva a la monotonía y apatía. Evidentemente, a veces nos equivocamos (muchas veces) pero lo importante no es que nos equivoquemos, que es natural equivocarnos como humanos que somos, sino como rectificamos y aprendemos de esos errores (como David Hume diría… ensayo y error).

Estas son solo algunas ideas que propongo, nunca he dicho que esto fuera fácil, asi que ahí tenemos nuestra ambición para luchar por nuestros objetivos. Cuando no tengamos objetivos, sencillamente nuestra existencia será inútil, porque hasta cada pequeño ser vivo del mundo tiene sus objetivos.

CAPÍTULO 149 – VIDEOJUEGOS BENEFICIOSOS

Un uso moderado de videojuegos puede tener una influencia positiva en la educación de los niños

Los videojuegos pueden llegar a tener una influencia positiva en la educación de los niños y, utilizados de forma moderada, no perjudican a su rendimiento académico, según una investigación realizada por el departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universidad de Granada. El estudio, realizado por Ángeles Llorca Díez, analizó una muestra formada por 266 participantes con edades comprendidas entre los 11 y los 16 años, junto con sus correspondientes padres, según ha informado la Universidad de Granada.

El trabajo pretendía investigar si las actitudes de los usuarios ante los videojuegos y la forma en que los utilizan repercuten significativamente en variables cognitivas, en concreto en la inteligencia espacial, la autoeficacia y el rendimiento académico. A los menores participantes se les hizo una entrevista semi-estructurada, una encuesta sobre uso y preferencias con los videojuegos, dos test de inteligencia y un inventario de autoeficacia, mientras que los padres rellenaron una encuesta sobre opinión, conocimiento y actitudes personales ante los videojuegos.

La investigación ha revelado que los varones no sólo juegan más que las chicas, sino que empiezan desde muy pequeños, resultado que podría estar relacionado con una influencia “claramente cultural”. El estudio también ha apreciado que los participantes, a medida que juegan con mayor frecuencia, lo hacen más tiempo, lo que a juicio de la autora “confirma la preocupación de algunos investigadores sobre la posibilidad de que algunos videojuegos creen adicción”.

También hay diferencias de género en cuanto a lo que los jóvenes exigen a los videojuegos, de modo que los varones son más rigurosos que las chicas y prefieren juegos que sean realistas e impactantes y les planteen retos que les permitan competir, e incluyan elementos gráficos y sonoros elaborados. Más de la mitad de los padres encuestados tiene una opinión desfavorable sobre los videojuegos, aunque los siguen comprando para sus hijos y no adoptan criterios de protección en el momento de adquirirlos (en el mejor de los casos, respetan la edad recomendada).

Según la investigación, la variable del rendimiento académico “no sólo se ve afectada por el uso de los videojuegos, sino que las horas de estudio y la percepción de autoeficacia se han evidenciado predictoras del éxito escolar”. Casi un tercio de los adolescentes juega sólo los fines de semana, y “en realidad son pocos los que juegan a diario”, según la investigación, que indica que más de un 40% de los niños juega entre una y dos horas cada vez que lo hacen y sólo un 7% lo hace durante más de tres horas. El estudio también arroja resultados como que un 40% de los encuestados tiene problemas derivados del uso de videojuegos, pero un análisis más pormenorizado establece que el mayor porcentaje corresponde a que “alguien le dice que juega demasiado”, seguido de las “discusiones con los padres”.

FUENTE:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/uso/moderado/videojuegos/puede/tener/influencia/positiva/educacion/ninos/elpepusocedu/20091113elpepusoc_16/Tes—————-

Por fin una noticia que no culpabiliza a los videojuegos exclusivamente de una mala educación. En ocasiones, se trata de una tapadera para ocultar la mala educación que enseñan los padres a los hijos, su pasividad, y lo utilizan como excusa para no afrontar las dificultades que presenta el día a día y vivir así más cómodamente, sin tener que hacer grandes esfuerzos.

El uso moderado de los videojuegos favorece la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar de otro. Hay familias para todo, tanto las que educan bien como las que no. Ciertamente los estímulos externos que nos plantea la sociedad actual, no facilita para nada nuestra labor de educación, pero tenemos que estar ahí, atentos a las trampas sociales y con la capacidad de reacción suficiente como para compensar esas trampas sociales con nuestra intervención.

También hay videojuegos mejores y peores, y de todo este mundo “gamer”, destacaría desde el punto de vista educativo, la Nintendo DS, ya que tiene mayor cantidad de juegos que hacen trabajar nuestro cerebro e impedir que se nos adormezca, algo que, curiosamente, nos provoca la televisión de forma inconsciente.

Interesante visitar:

Universidad de Granada