JACK EL DESTRIPADOR 3: RETRATO ROBOT


Así, desde un principio se estableció un soporte psicobiológico para las teorías acerca de la base constitucional de la conducta criminal como contraposición a las teorías metafísicas que, desde Rousseau ponen el acento en las circunstancias ambientales. Esa misma dicotomía es hoy de aplicación para el debate moderno acerca de la situación más claramente relacionada con la conducta violenta, la psicopatía. En palabras de uno de los mayores expertos en el tema, el Dr. Robert Hare:

“Muchos investigadores, clínicos y escritores usan indistintamente los términos psicópata y sociópata. Por ejemplo, en su libro El silencio de los corderos, Thomas Harris describe a Hannibal Lecter como un «sociópata puro», pero el guionista de la película prefiere llamarlo «psicópata puro». A veces, se usa el término sociopatía porque es menos probable que se confunda con psicoticismo o locura que la palabra que usamos nosotros: psicopatía.

En su libro The Blooding, Joseph Wambaugh dice de Colin Pitchfork, un violador y asesino inglés: «[…] es una lástima que el psiquiatra no usase en su informe el término “sociópata” en vez de “psicópata”, porque este último provoca cierta confusión. Creo que todo el mundo que tuvo algo que ver con el caso confundió la palabra [psicópata] con “psicótico”». En muchos casos la elección del término refleja la visión del profesional de los orígenes y determinantes de este síndrome (o trastorno) clínico. Por consiguiente, algunos clínicos e investigadores, así como la mayor a de sociólogos y criminólogos, que creen que el síndrome está forjado por entero de factores sociales o experiencias infantiles prefieren el término «sociopatía», mientras que aquellos —incluido el autor—que entienden que también contribuyen elementos biológicos, psicológicos y genéticos usan el término «psicopatía». Un mismo individuo, por lo tanto, podría ser diagnosticado de sociópata por un experto y de psicópata por otro.”19

Una de las principales características de los psicópatas, tal y como los define la Hare Psychopathy Checklist en su última versión revisada (PCL-R) es su eficacia para predecir en ellos una alta probabilidad de recidiva violenta y es que la alta probabilidad de repetición20,21 del comportamiento criminal con una marcada dificultad para la reinserción social del sujeto, es inherente a la condición del criminal psicópata. Esto no ocurre de la misma forma en el caso del diagnóstico de Trastorno de Personalidad Antisocial según DSM-IV, que resulta menos predictiva de dicho riesgo22.

Por ello, la prevalencia del diagnóstico de psicopatía entre los asesinos en serie23 es muy elevada (cercana al 90%) así como la coexistencia de criterios de otros síndromes, como por ejemplo el Trastorno Sádico de la Personalidad tal y como lo define el Apéndice del DSM-III R estaría presente en más del 85$.

El asesino de Whitechapel que conocemos como “Jack The Ripper” era un psicópata varón, tal y como indican25 los testigos, que vieron a las víctimas acompañadas poco antes de los asesinatos26 y como se deduce del uso de la fuerza que tuvo que hacer el asesino para asfixiar a sus víctimas y para realizar los cortes y mutilaciones. Era, además, un hombre entre 25 y 45 años, de apariencia algo desaliñada pero correctamente vestido, según los mismos testigos y a pesar de las variaciones entre sus declaraciones. En mi opinión, de sus acciones se deduce que era un asesino organizado (al menos parcialmente), capaz de conocer las rutas y horarios de las batidas policiales, de engañar a sus víctimas para que lo llevasen a un lugar apartado y de huir después de una zona densamente vigilada, a menudo con “trofeos” extraídos de sus víctimas. Una reciente revisión del caso, ha aportado incluso un retrato robot del asesino, si bien es dudoso que hubiese datos suficientes para realizarlo por las declaraciones de los testigos27.

Demostró una evidente habilidad con el cuchillo, trabajando a oscuras y con mucha prisa; cortaba siempre los grandes vasos del cuello de sus víctimas, asegurando previamente mediante la asfixia unas mayores garantías de éxito en su tarea, la extracción del útero de Annie Chapman se realizó con un único corte de cuchillo e incluyendo el cérvix mediante la sección de la zona superior del canal vaginal, el riñón izquierdo de Eddowes fue “cuidadosamente extraído” según la autopsia, seccionando vasos hiliares y ureter, los órganos de Kelly fueron extraídos individualmente, uno por uno. Puede que fuese un matarife, un carnicero, un estudiante de medicina o incluso un cirujano; pero también puede que fuese simplemente un cazador de ciervos y que hubiese aprendido a destriparlos en el campo.

Evidentemente, resulto ser un asesino adelantado a su tiempo, la policía no disponía aún de la metodología científica y forense adecuada para poder detenerlo, si este mataba a desconocidas y no era atrapado ïn situ” o huyendo. Pero hoy sigue siendo un caso especial, sino único. Sólo asesinó a prostitutas, probablemente por la mayor facilidad para conseguir la necesaria intimidad con ellas, aunque tampoco puede descartarse un móvil diferente (desde la obsesión religiosa propuesta por el Dr. Forbes Winslow hasta el contagio venéreo mortal de la historia del Dr. Stanley28).

Del análisis del escenario, podemos concluir que dejaba a la mayoría de sus víctimas expuestas a la vista, mostrando para mayor degradación sus genitales y mutilaciones, en posiciones determinadas por el asesino. Su firma incluía la marca del asesino sexual y sádico, aunque no hubiese signos de violación pre (aunque esto último hubiese sido difícil de demostrar y diferenciar de otros clientes) ni post-mortem, ni se observó semen en el escenario. Utilizaba un gran despliegue de fuerza para obtener sensación de poder y control, mataba de forma rápida, silenciosa y eficaz y después se dedicaba a las mutilaciones, el componente principal de su firma y conocido como picquerismo, la obtención de placer sexual mediante el uso de un arma blanca (sustituto simbólico del pene) para apuñalar, cortar o mutilar. Esto es lo que le llevaba al encarnizamiento (“overkill”) cuya medida dependía del tiempo y las condiciones del asesinato. Así, Stride no sufrió mutilaciones además de ser degollada porque el asesino fue interrumpido por un vecino conduciendo su carro tirado por un pony al interior del patio escenario del crimen; frustrado el asesino en su excitación creciente y a pesar de la alarma policial de la zona, obtuvo una nueva víctima (Eddowes), a la que mutiló de forma severa el abdomen y la cara. La culminación, no obstante, se produjo con la muerte de Mary Kelly, como puede observarse en las fotos del crimen.

Esta firma es muy infrecuente, incluso cuando se compara2 con una amplia base de datos contemporánea de 3.359 casos de homicidio ocurridos en Washington entre 1981 y 1995.

La obtención de trofeos de varias de las víctimas; úteros29 -cargados probablemente de significado para el asesino y que nosotros sólo podemos intuir sin oir su propia explicación30 -riñón y corazón, le permitirían fantasear posteriormente con los asesinatos para volver a obtener una excitación, que a su vez le conduciría a matar de nuevo como el toxicómano, con “craving” y síndrome de abstinencia de su droga.

Pero, además, si consideramos auténtico el contenido de la carta “From Hell”, el destripador añadió el canibalismo a su amplia lista de aberraciones, comiéndose frito medio riñón de Eddowes, quizá tras comprobar que el útero de Annie Chapman era duro y difícil de comer. Es otra de las características del Serial Killer que hemos visto después tanto en la realidad (Andrei Chikatilo) como en la ficción (Hannibal The Cannibal) y que incluso es interpretable como un “consumo”, en la época del capitalismo31, remarcando la negación de la víctima como sujeto que pasaría a ser mercancía y el nacimiento de un nuevo “Yo”, consumidor y trasgresor, al que se le llama incluso “postmoderno”32.

Otros interesantes enfoques, incluso del antecesor del Dr. Hare en el estudio de los psicópatas, el Dr. Hervey Clekley- quién tituló su trabajo clave “La Máscara de Cordura”- es la propuesta de una personalidad escindida, oculta o extraña al sujeto, es decir, de la existencia de los siempre evasivos fenómenos disociativos. Los propios asesinos en serie nos lo han contado y, aunque ya sabemos que resultan difíciles de creer, no podemos obviar sus palabras.

“Un momento después, yo simplemente no podría decir si ya la había apuñalado o aún estaba rajando su abrigo. Yo no quería robarle su dinero ni violarla. Lo único que iba a hacer era matarla. Nada más”

David Berkowitz (El hijo de Sam).

“Una parte de mí permanecía siempre escondida”. “Había algo muy dentro de mí, algo que no podía controlar”. (Bundy lo llamaba el ente).

Ted Bundy.

No es raro, por ello que, recientemente, autores serios, muy reconocidos en el ámbito académico, hayan propuesto33 este hecho como un factor nuclear en la psicopatología de los asesinos en serie, llamando a su artículo “Fractured Identity Syndrome. A new Theory of Serial Murder.” Explican cómo, tras sufrir abusos o agresiones en la infancia, el criminal puede sufrir una fractura en su personalidad, que le sirve para defenderse, protegerse y sentirse seguro en medio de un ambiente muy adverso.

Destacan cómo un asesino en serie en prisión, que no identifican, habla de que “Rápidamente fui consciente de mi lado oscuro, la parte de mi personalidad que deseaba la destrucción de la vida humana. […]Mi bestia no aceptaría una víctima diferente a la elegida salvo que no la hubiese alimentado durante un largo periodo de tiempo”. Otro criminal múltiple declaraba; “Me desperté esa mañana sabiendo que iba a matar. Era esa sensación de hambre terrible y rabiosa que me estaba devorando vivo. Eso, mi sombra, demandaba una ofrenda.”

Evidentemente, podríamos pensar que “el otro” es sólo una forma más de evadir la responsabilidad por parte de unos asesinos muy manipuladores, pero hay datos que recoge una interesante revisión llamada “Disociación y Violencia” que demuestran que hay una mayor prevalencia de trastornos y fenómenos disociativos entre los presos más agresivos, e incluso entre los policías que han estado envueltos en situaciones muy violentas. Plantea que la disociación podría ser, inicialmente, un mecanismo adaptativo cerebral para evitar el daño emocional que podría sufrir una persona al exponerse a violencia extrema (el Síndrome de Estrés Postraumático, por ejemplo).

En algunos casos, como los asesinos en serie, podría ocurrir un cierto control o búsqueda del fenómeno disociativo durante los episodios violentos o, como planteaba Holmes, una fractura en la personalidad que les hace simular ser lo que no son, hasta que no pueden controlarlo más y dejan salir su-verdadero- ser. De esa forma, sólo las víctimas conocerían la auténtica personalidad del asesino, para quien ellas sólo tendrían sentido después de matarlas, una vez han conocido su verdadero Yo (oculto) y han recibido su “firma”.

Está demostrado que los diferentes “otros” de los pacientes con Trastornos Disociativos, escriben de forma diferente a la del host o personalidad principal del paciente; diferencias muy superiores a las del paso del tiempo en una misma persona e incluso en ocasiones, diferencias equivalentes a las que mostrarían personas distintas35. Las características de cada personalidad corresponderían a diferentes modos de escritura que, aunque puedan compartir características comunes, no corresponden a un disfraz voluntario de la escritura. En la imagen, la primera es de la personalidad original (Ruth), la segunda (Ruthie) es un “otro” maligno y la tercera (Hope) es de un “otro” protector, todos ellos coinciden en su contenido con los roles que el terapeuta conocía de la paciente, en la que existían otras cuatro personalidades más36.

Quizá, en un contexto disociativo estimulado por el órgano extraído a su última víctima, un hombre escribió en octubre de 1888 una carta terrible, desde el infierno. En ella reivindicaba su autoría criminal (durante un mes en el que no pudo dar rienda suelta a la bestia que llevaba dentro) y mediante el envío de medio riñón y la amenaza de remitir su cuchillo, demostraba que todas las demás cartas eran sólo fraudes que no merecían quitarle protagonismo.

Probablemente por su confusa identidad y aunque sí escribió la palabra “Firmado”, no fue capaz de poner ningún nombre debajo, sino sólo un desafío “Atrápame si puedes”. La firma la pondría días después, al amanecer, en una triste habitación con el número 13 dónde una chica de 25 años acababa de colgar la reproducción barata de un cuadro dedicado a una pérdida irreparable, “A Hopeless Dawn”.

1 Jack the Ripper is ‘worst Briton’ BBC History Magazine January 2005. news.bbc.co.uk/1/hi/uk/4663280.stm

2 Brittain R. The sadistic murderer. Medicine, Science and the Law 1970; 10: 198–207.

3 The Complete History of Jack the Ripper (Paperback) by Philip Sugden Carroll & Graf Publishers (January 9, 2002)

4 The Jack the Ripper Murders: A Modus Operandi and Signature Analysis of the 1888–1891 Whitechapel Murders. J. Investig. Psych. Offender Profil. 2, 2005: 1–21

5 Jack the Ripper: The Facts (Hardcover) by Paul Begg . Robson Books; Rev Ed edition (May 2004)

6 Retrato de un asesino: Jack el Destripador: Caso cerrado. Patricia Cornwell. Ediciones B, SA. 2004.

7 Jack the Ripper’s Black Magic Rituals by Ivor J. Edwards (Paperback – Oct 1, 2003)

8 Rock D, Greenberg DM and Hallmayer J. Cyclical Changes of Homicide Rates. Journal Of Interpersonal Violence, Vol. 18 No. 8, August 2003 942-955

9 Jack El Destripador: Cartas Desde El Infierno. Stewart P. Evans, Keith Skinner. Jaguar Books (January 2003)

10 From Hell. Moore Allan, Campbell Eddie. Planeta de Agostini 2001.

11 Delisi M, Scherer AM. Multiple Homicide Offenders:Offense Characteristics, Social Correlates,and Criminal Careers. Criminal Justice And Behavior,Vol. 33 No. 3,June 2006 367-391

12 Wright J, Hensley C. From Animal Cruelty to Serial Murder: Applying the Graduation Hipótesis. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 47(1), 2003: 71-88.

13 Singer SD, Hensley C. Applying Social Learning Theory to Childhood and Adolescent Firesetting: Can It Lead to Serial Murder ?. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 48(4), 2004: 461-476.

14 Goldstein, R. L. (2000). Serial stalkers: Recent clinical findings. In L. B. Schlesinger (Ed.), Serial
offenders: Current thought, recent findings . Boca Raton, FL: CRC Press.

15 Langevin R. A Study of the Psychosexual Characteristics of Sex Killers: Can We Identify Them Before It Is Too Late?. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology, 47(4), 2003 366-382.

16 Castle T, Hensley C. Serial Killers with Military Experience: Applying Learning Theory to Serial Murder. International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology ,46(4),2002: 453-465

17 Lombroso, César. “El delito. Sus causas y remedios”. Traducción de Bernaldo Quirós. Ed. Victoriano Suárez. Madrid, 1902.

18 Lara-Tapia, H. Enfoques actuales en la Psicobiología contemporánea de la conducta violenta y delictiva. Neurol Neurocir Psiquiat 2005; 38(1):28-36

19 Robert D Hare. Sin Conciencia. El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. Ed. Paidós 2003.

20 Harris GT, Rice ME and Cormier CA Psychopathy and violent recidivism. Laws and Human Behaviour (15) 1991: 625-637.

21 Corrado RR, Vincent GM, Hart SD, Cohen IM. PredictiveValidity of the Psychopathy Checklist:Youth Version for General and Violent Recidivism Behav Sci Law 22, 2004: 5–22.

22 Cunningham MD, Reidy TJ. Antisocial personality disorder and psychopathy: diagnostic dilemmas in classifying patterns of antisocial behavior in sentencing evaluations.Behavioral Sciences & the Law; Summer1998, Vol. 16 Issue 3, p333-351,

23 Stone MH. Serial sexual homicide: biological, psychological, and sociological aspects. J Personal Disord. 2001;15(1):1-18.

24 Morana H, Stone MH, Abadía-Filho E. Personality disorders, psychopathy, and serial killers.
Rev. Bras. Psiquiatr. vol.28, 2006. suppl.2

25 Jack the Ripper A to Z. by Paul Begg, Martin Fido, Keith Skinner. Trafalgar Square Publishing; Updated edition (April 1994)

26 The Ultimate Jack the Ripper Sourcebook: An Illustrated Encyclopedia. by Stewart P. Evans, Keith Skinner. Carroll & Graf Publishers (December 10, 2001)

27 Atlantic Productions, premiered on Five on Tuesday 21st November 2006. Laura Richards And John Grieve.

28 Jack El Destripador (Recapitulacion y Veredicto). Colin Wilson y Robin Odell. Editorial Planeta (1989)

29 Balagueró Lladó, L.Aspectos antropológicos del útero y sus funciones. Toko-Gin Pract, 2002;61(3):174-183

30 Scrapec, AC. Phenomenology and Serial Murder. Homicide Studies 2001, Vol.5 (1):46-63.

31 Lefebvre, M.Conspicuous Consumption:The Figure of the Serial Killer as Cannibal in the Age of Capitalism.Theory, Culture & Society 2005,Vol. 22(3): 43–62.

32 King, A. Serial killing and the postmodern self. History Of The Human Sciences 2006 Vol. 19 (3):109–125

33 Holmes ST, Tewksbury R, Holmes RM.Fractured Identity Syndrome: A new theory on serial murder.Journal of Contemporary Criminal Justice 1999. 15 (3):262-272.

34 Moskowitz, A. Dissociation And Violence: A Review Of The Literature. Trauma, Violence, & Abuse, , 2004. Vol. 5, (1):21-46

35 Yank, JR. Handwriting Variations In Individuals With MPD. Dissociation 1991, Vol. I, No.1: 2-12.

36 Handwriting Examination: Can It Help In Establishing Authenticity In Dissociative Identity Disorder ?. Dissociation 1997, Vol. 10, No.2:114-119.

FUENTE:

http://www.casoabierto.com/Cronica-Negra/Cronica-Negra-Internacional/jackeldestripadorelasesinoquecambiolahistoria.html





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JACK EL DESTRIPADOR 2: EL PRIMER ASESINO EN SERIE


La carrera criminal del primer asesino en serie urbano y moderno

Hoy se sabe que los asesinos múltiples11 suelen realizar una “carrera criminal” en la que, tras sufrir abusos ellos mismos, pueden comenzar de niños, siendo crueles con animales12, prendiendo fuegos13, acechando a víctimas14 y realizando con ellas otros crímenes menores (agresiones sexuales o físicas) antes de pasar al asesinato15. En ese sentido, hemos revisado algunos crímenes menores anteriores y varios posteriores, muy similares, aunque estos últimos fueran descartados como parte de la serie por varios oficiales de la policía, años después.

Veamos;

El 25 febrero de 1888, Annie Millwood, una viuda de 38 años, fue atacada por un hombre desconocido que le produjo varias heridas de cuchillo en las piernas y parte baja del cuerpo de las que inicialmente se recuperó, pero falleció el 31 de marzo por un fallo cardiaco.

El 28 de marzo de 1888, Ada Wilson, sobre la medianoche un hombre llamo a su puerta y ella abrió. El hombre, de 1,70 m. de altura y vestido con un largo abrigo negro y sombrero le pidió dinero; ella se negó y él le dió dos puñaladas en el cuello, de las que sobrevivió.

El 3 de abril de 1888, Emma Smith sufrió un ataque al que sobrevivió inicialmente, pero entró en coma muriendo el 5 de abril, su muerte fue causada por una estaca insertada en su vagina, que le produjo una peritonitis. Ella se refirió a un grupo de hombres como sus asaltantes.

El 3 de octubre de 1888 se encuentra un torso femenino en los bajos de un edificio de la policía en construcción, se le conoce como el misterio de Whitehall.

El 20 diciembre de 1888, se encuentra el cadáver de Rose Mylett, prostituta que fue estrangulada con una cuerda, no tenía cortes ni mutilaciones. Algunos autores plantean que pudo ser una interrupción, antes de que fuese degollada.

El 31 mayo de 1889 al 25 de junio de ese mismo año, se recuperan del Támesis varias partes del cuerpo de una mujer, se la reconoció por cicatrices anteriores como Elizabeth Jackson, otra prostituta.

El 17 de julio de 1889, se encuentra el cadáver de Alice McKenzie, le cortaron la arteria carótida, no fue mutilada, pero sí fueron encontrados en su cuerpo otras contusiones y cortes menores.

El 10 de septiembre de 1889, se encuentra un torso femenino debajo de un arco ferroviario en la calle Pinchin, Whitechapel, torso similar al encontrado el 2 de octubre de 1888 en Whitehall, aunque en esta ocasión las manos no fueron cortadas. Se cree, con bastante fiabilidad, que el cuerpo era el de una prostituta llamada Lydia que había desaparecido poco antes.

El 13 de febrero de 1891, se encuentra el cuerpo, aún vivo, de Frances Coles debajo de un arco ferroviario en los jardines Swallow, Whitechapel, le habían cortado la garganta.

El 24 de abril de 1891, se encuentra en Nueva York el cuerpo de Carrie Brown, la estrangularon con su propia ropa y luego fue mutilada con un cuchillo, tenía un gran corte en la ingle y otros menores en las piernas. Había un ovario sobre la cama, no se sabe si se dejo de manera deliberada o simplemente se deslizó por el enorme corte.

A la vista de esta cantidad de muertes de prostitutas en la zona en tres años, nos planteamos, ¿Cuantas prostitutas habría en la zona de Whitechapel en esa época? Se calcula que entre 1000 y 1500. El asesinato en el East End no era algo muy habitual, aunque sí lo eran otros delitos. Las muertes violentas eran sobre todo suicidios, entre los que no era rara la sección del cuello, aunque rara vez llegaba a las vértebras.

Sospechosos y candidatos

La lista de potenciales sospechosos es muy amplia (supera los 200) y en ella hay nombres muy conocidos desde Lewis Carroll hasta el Duque de Clarence, pasando por Sir William Gull y, por supuesto, Walter R. Sickert.

Todos ellos tienen elementos a favor y en contra:

El Duque de Clarence era el hijo primogénito de Eduardo, príncipe de Gales y heredero al trono, que posteriormente reinó como Eduardo VII. El joven pasaba la mayor parte de su tiempo dedicado a la caza del ciervo, deporte en el que parece ser era muy diestro, pese a sus aficiones cinegéticas en las que gustaba de descuartizar él mismo a sus presas de caza, era también un joven elegante, y le gustaba frecuentar los prostíbulos de Whitechapel por todos era conocido que el duque sufría una gran inestabilidad emocional lo que lo llevó a ser ingresado en una clínica, murió a los 28 años, en 1892 quizá de sífilis. Contra esta teoría se ha argumentado, y con razón, que el Príncipe Alberto no estaba en Londres en al menos las fechas de dos de los asesinatos, sino en Escocia.

Montague John Druitt, hijo de un cirujano de muy buena familia, era un abogado de 40 años que solo ejercía esta profesión en algunas ocasiones, trabajando como profesor en una escuela privada a partir de 1881 hasta el 19 de noviembre de 1888, que fue despedido. Dos días después desapareció y su cuerpo fue encontrado el 31 de diciembre de 1888 en el Támesis con piedras en los bolsillos, en lo que parecía un suicidio. Al parecer, su madre había sido ingresada en un psiquiátrico poco antes de que él se suicidara, y en su familia había otros antecedentes de enfermos mentales. En la nota de suicidio que encontró su hermano, decía que sentía como poco a poco padecería lo mismo que su madre y que lo mejor para no seguir ensuciando el nombre de su familia era morir. Sin embargo contaba con una buena coartada el día de la muerte de Annie Chapman, que recordamos se había estimado sobre las 5:45 de la mañana. Habría sido muy improbable que Druitt hubiese cometido el crimen, se hubiese cambiado la ropa ensangrentada y hubiese regresado a Blackheath para jugar un partido de críquet, deporte del que era un gran jugador a las 11:30 de la mañana, según demuestran las investigaciones realizadas.

El Doctor Francis Tumblety un falso médico estadounidense, se sabe que estuvo en Inglaterra en 1888, y de hecho fue encarcelado el 7 noviembre por conducta indecente. Se cree que fue liberado antes del 9 de noviembre fecha del asesinato de Mary Kelly y poco después, el 12 de noviembre, fue detenido como sospechoso y dejado de nuevo en libertad el 16 de noviembre, huyendo a Francia el 24 del mismo mes y posteriormente a Estados Unidos. Tenía una colección de úteros, pero su descripción física no corresponde con los testigos.

La escritora y multimillonaria autora de best sellers Patricia Cornwell, aseguró en su libro “Retrato de un Asesino” que el hombre que se ocultaba tras Jack fue el pintor impresionista inglés Walter Richard Sickert. Lo cierto es que las únicas pruebas que Cornwell tiene en estos momentos contra Sickert son puramente circunstanciales. Por ejemplo: el pintor tenía 28 años cuando Jack el Destripador comenzó a matar y, efectivamente, los estudios demuestran que la mayoría de asesinos en serie llevan a cabo su primer asesinato entre los 25 y los 30 años.

Tras cometer uno de sus crímenes, el asesino se esfumaba rápidamente, desvaneciéndose sin dejar rastro. Y eso es algo que a Sickert no le habría costado trabajo lograr ya que el artista tenía tres estudios secretos en el East End londinense y una gran fascinación por el disfraz, así como por los bajos fondos londinenses, hechos que ya provocaron en su época alguna habladuría. Pero, a decir de la escritora, la prueba más contundente de la culpabilidad del pintor se encuentra en sus cuadros. Según la novelista, algunos de los lienzos pintados por Walter Richard Sickert guardan una espeluznante similitud con las imágenes post mortem de las víctimas de Jack el Destripador En 1908, 20 años después de los crímenes, Sickert pintó una serie de cuadros inspirados, según él, en el asesinato de una prostituta en Candem.

“Sickert nunca pintaba nada que no hubiera visto”, argumentaba la novelista. “Y no habría tenido manera de saber el aspecto de aquellas mujeres si él mismo no hubiera estado allí”. Además, tenía un perfil psicológico similar al de muchos criminales: tuvo una infancia difícil y su padre era un hombre abusivo. Y, debido a un problema físico era estéril y tenía una disfunción sexual severa, hechos que podrían encajar con el comportamiento del Destripador, por ejemplo que siempre asesinase a prostitutas y las duras mutilaciones que les infligía, que muestran esa disfunción sexual típica en los mutiladores.”

La teoría de Patricia Cornwell resulta excesiva en base a las escasas pruebas, pero debemos reconocer su esfuerzo. Esta mujer ha sido innovadora al aplicar técnicas modernas a un caso de más de un siglo, pese a la dificultad que ello conlleva ya que muchas pruebas están indudablemente contaminadas. Lo peor para su teoría es que el principal vinculo (ADN mitocondrial y marcas de agua del papel) es entre Sickert y alguna de las cartas…pero ya hemos indicado que la inmensa mayoría de éstas (y en principio ninguna de las estudiadas por Cornwell) no provenían del asesino.

Doctor T. Neill Cream (1850-1892), médico especializado en abortos. Nacido en Escocia y educado en Londres, ejerció la profesión en Canadá, Chicago e Illinois, EEUU. En 1881 fue hallado responsable de la muerte por envenenamiento con estricnina de varios de sus pacientes de ambos sexos. Fue él mismo quien pidió un examen de los cuerpos ya que no había sospechas de asesinato, en un intento de llamar la atención sobre si mismo. Encarcelado en la Penitenciaría del Estado de Illinois, fue liberado en el 31 de julio de 1891 por buena conducta. Trasladado a Londres, reinició sus actividades criminales y se le detuvo. Fue colgado el 15 de noviembre de 1892. Sus últimas palabras según el verdugo fueron ” Yo soy Jack…”, justo cuando se abría la trampilla. Obviamente, no pudo cometer los crímenes de 1888 si estaba en prisión, pero algunos teorizan con que tenía un doble.

James Maybrick (1838-1889), comerciante de algodón en Liverpool, su nombre es uno de los principales sospechosos desde que en 1993, apareció un supuesto diario de Maybrick en los que relataba los crímenes y confesaba ser el destripador, pero los estudiosos de estos diarios señalan que no aporta datos novedosos, que su origen es más que dudoso y que la tinta no es de la época.

Aaron Kosminski es el sospechoso de moda, tras establecerse junto con M. J. Druitt y un médico ruso llamado Ostrog como uno de los tres incluidos en el Memorandum de Sir Melville Macnaghten (Ex-Comisario Adjunto del Departamento de Investigación Criminal de Scotland Yard). Un paciente psicótico, judío de origen polaco, que podría haber sido visto por uno de los testigos del asesinato de Stride o de Eddowes, que posteriormente lo reconoció. Recientemente, ha sido donado al Museo Negro de Scotland Yard, un ejemplar de las memorias del Comisario Adjunto del CID en la época de los asesinatos, Sir Robert Anderson “The Lighter Side of My Official Life”, en el que el Inspector Jefe Donald Swanson había escrito unas notas al margen del apartado en el que éste establecía que el Destripador era un judío polaco…en las notas manuscritas por Swanson se añadía “Kosminsky era el sospechoso”.

Roslyn D’Onston Stephenson, es el sospechoso relacionado con la hipótesis de los asesinatos rituales y la Magia Negra. Diversos autores, desde que O’Donnell recogiese dicha idea, lanzada desde el entorno de la Teosofía y Alesteir Crowley, en el llamado Manuscrito O’Donnell en 1958 han defendido esta idea, actualmente es Ivor Edwards el principal exponente de la línea más heterodoxa de la Ripperología. Cirujano militar, gran interesado en la magia y el ocultismo, tenía cerca de 50 años en la época de los asesinatos. Bebedor y jugador, su apodo en el juego era “Sudden Death”. Algunos otros datos recientes apoyarían su candidatura16.

Severin Klosovski (alias George Chapman); fue el sospechoso favorito del Inspector Abberline, entre otros policías de la época. Un inmigrante polaco, con estudios de cirugía en su país. Sus características le hacen un buen candidato a ser un psicópata y sabemos que estuvo en la zona en 1888 trabajando como barbero y que después fue un asesino en serie de tres mujeres, sí bien usando un MO tan distinto (envenenamiento) y con sus propias parejas, que resulta difícil asimilarlo al asesino mutilador de desconocidas. Fue ahorcado en 1903.

La lista de sospechosos es mucho mayor y no deja de crecer, el 15 de enero de 2007, se lanzó una primicia al respecto, incluyéndose un nuevo nombre, el del Policía James Harvey. Aunque los detalles se contienen en el libro “In Plain Sight” que saldrá el próximo mes de noviembre, su autor dice poder demostrar que Jack The Ripper era este policía de la City de Londres, que habría sido detenido en 1889 y llevado en secreto a un Hospital psiquiátrico dónde murió en 1991. La cortina de humo permitió conservar el secreto hasta hoy.

Perfilando la mente de un asesino

Este misterio es tan complejo que si varios de sus expertos nos narran su versión de las terribles hazañas de Jack, no coincidirán, para empezar, en cuantas victimas tuvo y otro de los momentos cumbres se producirá cuando al final cada uno señale su sospechoso: para Stewart P. Evans fué el doctor Dr. Tumblety, para Paul Begg, más comedido; quizá fuese Aaron Kosminsky, aunque no se pueda saber y, por último, Philip Sugden cree que fue George Chapman. Parece claro que la figura del destripador seguirá vigente por mucho tiempo, generando nuevas obras literarias, películas y documentales. Pero, aunque podemos intentar acercarnos a su personalidad real, su identidad sigue a día de hoy tan ignota como en su momento de “gloria”…aunque quizá no por mucho tiempo.

La idea de predecir características de un criminal estudiando su aspecto y comportamiento es ya antigua, y desde Césare Lombroso y su obra “L’uomo criminal” publicada en 1876, se le propone una base científica.


JACK EL DESTRIPADOR 1: EL REINO DEL HORROR




Entre el verano y el otoño de 1888, en la zona más al este de Londres (el llamado East End, alrededor del barrio de Whitechapel) se produjeron una serie de asesinatos de mujeres que inicialmente fueron atribuidos a un único autor, llamado en términos genéricos “El asesino de Whitechapel”. Hasta un total de once asesinatos podrían ser de la serie, si bien como plantea Phillip Sugden3, uno de los autores mejor considerados en este campo, los crímenes del mismo autor fueron “al menos cuatro, probablemente seis, sólo posiblemente ocho”.

Oficialmente, la mayoría de los Ripperólogos o investigadores de los crímenes de Whitechapel, le atribuyen sólo cinco de los asesinatos, las llamadas cinco víctimas canónicas, aunque recientemente ha ido cobrando cada vez más fuerza la idea de que Martha Tabram (asesinada la madrugada del 7 de agosto de 1888), que recibió 39 puñaladas en tórax, abdomen y zona genital, pudo haber sido el primero de sus crímenes. En Whitechapel y los barrios adyacentes como Spitalfields, era donde vivían -casi siempre en albergues miserables- las clases más humildes de la sociedad victoriana y allí los delitos contra la propiedad, las agresiones y las peleas eran frecuentes. Las cinco víctimas canónicas pertenecían al segmento más pobre y desfavorecido de esas clases; prostitutas y alcohólicas, varias de ellas estaban además enfermas:

1. Mary Ann Nichols (Polly Nichols); hallada muerta en la madrugada del 31 de agosto de 1888 en Buck’s Row. Degollada, con signos de estrangulación total o parcial y una gran herida en el abdomen. Su ropa estaba colocada por encima de la cintura y la parte inferior del tronco quedaba expuesta, mostrando los genitales y el abdomen.

2. Annie Chapman (Dark Annie); encontrada al amanecer del 8 de septiembre de 1888 en el patio trasero del número 29 de Hanbury Street. Degollada, con signos de estrangulación y destripada; el asesino se llevó su útero como trofeo mostrando en su extirpación conocimientos anatómicos de la pelvis femenina y habilidad en el uso del cuchillo.

3. Elizabeth Stride (Long Liz). Encontrada en la madrugada del 30 de septiembre de 1888 en la parte trasera del número 40 de Berner Street-Dutfield’s Yard. Degollada y con posibles signos de estrangulamiento, pero sin mutilaciones. Aun sangraba por la garganta cuando fue descubierta.

4. Catharine Eddowes (Kate Conway, Kate o Mary Kelly); La segunda víctima del llamado “doble evento” ocurrido el 30 de septiembre de 1888, apareció en Mitre Square. Degollada y severamente mutilada en cara y abdomen, le extirparon el útero-sin habilidad esta vez- y el riñón izquierdo, éste sí cuidadosamente extraído, según la autopsia.

5. Marie Jeannette Kelly (alias Black Mary), hallada avanzada la mañana del 9 de noviembre de 1888, en su habitación número 13 de Miller’s Court, un patio de vecinos accesible desde Dorset Street. Encontraron lo que quedaba de su cuerpo sobre su cama, con sus vísceras abdominales diseminadas por toda la cama y sobre una mesa. Su hígado y senos habían sido extirpados; sus orejas, cercenadas, igual que su nariz, y sus riñones, extraídos con precisión. El corazón jamás fue encontrado. La visión de las fotografías de la escena de este crimen, que han llegado a nuestros días, es estremecedora.

También hay quien discute incluir en la serie a algunas de estas víctimas canónicas, fundamentalmente a Long Liz-por la ausencia de mutilación abdominal- y a Mary Kelly (MJK), tanto por ser muy diferente en edad y características a las otras cuatro, como por lo severo de sus mutilaciones y además, haber sido la única hallada bajo techo.

Posteriormente ocurrieron varios otros asesinatos semejantes en la zona (Rose Mylett, Alice Mackenzie y Frances Cole, principalmente) hasta febrero de 1991; aunque éstas no parecen contar con la “firma” del asesino (aquello que éste hace en la escena del crimen sin que sea necesario para conseguir la muerte de su víctima) que es habitualmente invariable y no se encontraría presente en estos últimos asesinatos y sí en las canónicas (5C) y Martha Tabram4. El modus operandi (MO) o método que usaba el asesino para matar, es más dinámico y puede depurarse con el paso del tiempo (Ej. Martha Tabram versus las 5C).

Parece que el asesino se hacía pasar por un cliente. Una vez contratados los servicios de las prostitutas, éstas lo llevaban a un lugar alejado y allí, situándose a su espalda como era costumbre en esos casos, posiblemente las estrangulaba primero-para evitar resistencia, ruidos y sangrado- las tumbaba después con su costado izquierdo sobre el suelo y las degollaba con la mano derecha, cortando de izquierda a derecha para que murieran desangradas, si la estrangulación no había sido completa. Posteriormente realizaba las diversas mutilaciones. Todo ello, en la mayoría de los casos, ocurrió de manera muy rápida, silenciosa y en la oscuridad.

Hasta aquí los hechos básicos, en resumen en unas 10 semanas, el asesino había matado, en una pequeña zona de Londres, a 5 ó 6 mujeres, prostitutas, alcohólicas, enfermas y cercanas a los 50 años de edad; excepto MJK, una belleza notable y 20 años más joven que el resto, con la que cometió su mayor barbaridad. Esta es la llamada historia oficial, la que figura en los libros más ortodoxos dedicados a Jack The Ripper5. Sin embargo, otras corrientes le atribuyen un mayor número de asesinatos6 e incluso algunas propuestas7 establecen que sólo pudieron ser cinco, precisamente porque los crímenes formaban parte de un plan preestablecido, de base ritual. El número de víctimas resulta una de las grandes cuestiones abiertas, ya que lo habitual de un asesino en serie, es que sólo deje de de cometer crímenes si muere, lo detienen o le resulta imposible por algún otro motivo.

La estación de los crímenes fue la que estadísticamente se demuestra como la de su mayor frecuencia, el periodo entre julio y septiembre. Esto ya fue sugerido por Leffingwell en 1892, mediante interpretación visual, en su estudio de los homicidios sucedidos en Inglaterra y Gales en la década de 1878 a 1887, y ha sido recientemente confirmado por un estudio de revisión8. Además, la noche del 6 al 7 de agosto de 1888 fue la de un lunes festivo, con luna nueva; la del 30 al 31 de agosto, la de un jueves laborable con la luna en cuarto menguante. En septiembre, la noche del 7 al 8 fue un viernes de luna nueva; la del 29 al 30, noche de un sábado en cuarto menguante. La última noche del ciclo criminal, del 8 al 9 de noviembre, era la de un lunes de luna nueva, previo a un martes festivo (Procesión del Alcalde de Londres). En ninguna de estas noches, la iluminación lunar llegaba a un tercio de sus posibilidades, lo que implica que el asesino realizó sus actos en una gran oscuridad; sí bien en el segundo (ya había amanecido) y en el último (en el interior) de sus crímenes, pudo tener más luz.

Otro de los aspectos más interesantes del caso es el de las cartas , presuntamente del asesino, recibidas por la policía o los medios de comunicación y que le sirvieron para acuñar un “nom de guerre”. De hecho, antes del doble evento, el asesino ya fue conocido como “Delantal de Cuero” (Leather Apron) tras las declaraciones de algunas prostitutas sobre un agresor habitual y el delantal que se encontró en el patio dónde apareció el cadáver de Dark Annie.

El 29 de septiembre llegó a Scotland Yard una misiva que, dos días antes, había sido recibida por la Agencia Central de Noticias (Central News) de Londres, fechada el 25 de septiembre y escrita con tinta roja. Tanto sus primeras palabras “Dear Boss” (que le han el dado nombre a esta carta, que actualmente se conserva en el Museo Negro de Scotland Yard) como su firma, que han tenido mucho que ver con la leyenda por la que este crimen ha pasado a la historia; han sido usadas como un símbolo de los crímenes, a pesar de que actualmente no se considera que fuera enviada por el asesino, sino que se le atribuye a unos emprendedores periodistas.

La policía cometió el error de publicar reproducciones de la carta, en panfletos y en los periódicos, esperando que alguien reconociese la caligrafía y pudiese aportar alguna pista sobre el asesino, con tres consecuencias a cual peor; se extendió el clima de terror, se recibieron centenares de cartas semejantes y se asumió que las cartas las había enviado el asesino, con todo lo que ello podía significar.

El lunes, tras la noche del sábado en la que ocurrieron las muertes de Elizabeth Stride y Kate Eddowes, se recibió en la Central News una tarjeta postal, con la misma caligrafía de la carta, y conocida como “Saucy Jacky” en la que se hacía referencia tanto al doble evento, como a la carta previa “Dear Boss”. Ambas piezas se consideran mayoritariamente hoy por los investigadores, la obra maestra, cuidadosamente manuscrita por un “emprendedor reportero” y cuyo guión procedería, precisamente, del Jefe de la Agencia Central News.

La carta con los máximos visos de verosimilitud fue la que llegó, en una caja de cartón, el 16 de octubre al empresario George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia de Whitechapel, formado por ciudadanos que patrullaban las calles en ayuda de las fuerzas policiales. El paquete de cartón contenía, también, la mitad de un riñón humano conservado en destilados y según la carta adjunta, remitida “desde el infierno”, el resto de la víscera se lo había comido frito el autor de la carta que, de manera llamativa, no la firmaba Jack The Ripper.

“From Hell”, además del nombre con el que actualmente se conoce a la carta, es el título de un magnífico cómic10 basado en el libro “The Final Solution”, de Stephen Knight y la posterior película protagonizada por Johnny Deep. Todo ello, alrededor de la llamada Conspiración Real, que mezcla en el asunto a la Masonería y la Monarquía británica, con Sir William Gull como asesino.

Los detractores de esta carta, argumentan que era la broma de algún estudiante de medicina porque alguna de las declaraciones hechas a la prensa por los médicos de la época que examinaron el medio riñón, indica que estaba demasiado “fresco” para ser de Eddowes. No obstante, existen múltiples circunstancias que me llevan a la convicción personal de que aquella era, efectivamente, la mitad del riñón de Eddowes y la carta era genuina.

El Dr. Openshaw, patólogo del Hospital de Londres que examinó el riñón en primer lugar junto con el Dr. Reed, a quien Mr. Aarons un ayudante de Mr. Lusk, había llevado la pieza para decidir si podía ser o no un asunto serio; le hizo a su colega unos comentarios desde su experto punto de vista. Una referencia de lo dicho por el Dr. Openshaw al Dr. Reed, tal y como lo declaró a la prensa Mr. Aarons para justificar haber llevado el paquete con la carta y el medio riñón a la policía, se publicó el día 19 de octubre de 1888 en el Times, el Daily Telegraph y el Star, indicando:

1. Que el medio riñón era humano, izquierdo, había sido conservado en destilados durante un tiempo difícil de determinar, aunque podría ser de las tres semanas trascurridas desde el asesinato de Eddowes.

2. Que era de una mujer, adulta y de mediana edad, que estaba enferma de una variante de la Enfermedad de Bright (nefritis o glomerulonefritis) llamada en inglés “Ginny Kidney” por relacionarse con el alcoholismo.

Aunque al día siguiente publicó el Star una entrevista con Openshaw en la que éste matizaba lo publicado el día anterior, indicando que sólo podría afirmar que se trataba de la mitad de un riñón izquierdo humano; hay que entender que el caso estaba ya en manos de la policía y que ésta no tenía el menor interés en darle publicidad al riñón y aún menos a su autenticidad. En ese sentido, el Inspector James McWilliam, de la Policía de la City de Londres, escribió en su informe al respecto del riñón, que había sido examinado por el Dr. Gordon Brown, cirujano de la Policía: “Se están realizando todos los esfuerzos posibles para rastrear al remitente, pero no es deseable que se dé publicidad a la opinión del doctor ni a las acciones que, en consecuencia, se están llevando a cabo”.

Debemos hacer notar aquí dos detalles; que el riñón le fue entregado al Dr. Gordon Brown de la Policía de la City y no al Dr. Bagster Phillips, de la Policía Metropolitana. El único asesinato del destripador cometido en la zona bajo jurisdicción de la Policía de la City era, precisamente, el de Eddowes, cuyo riñón izquierdo había sido extirpado. El mencionado Dr. Gordon Brown, en su autopsia de Eddowes, realizada antes de recibirse el paquete, ya indicó que el riñón derecho mostraba signos macroscópicos de enfermedad (congestión de la base de las pirámides renales). Dado que el informe de ésta autopsia no se había hecho público aún en la fecha en la que apareció en la prensa la posibilidad de que el medio riñón enviado estuviese enfermo, es evidente que ésta circunstancia no podría nunca ser una invención de Mr. Aarons, sino algo que realmente le hubiese dicho el Dr. Reed, atribuyéndolo al Dr. Openshaw.

Por último, el que fuese Comisario en funciones de la Policía de la City en la época de los asesinatos, Sir Henry Smith aporta algunos datos más en sus memorias: “La arteria renal mide tres pulgadas. Dos pulgadas permanecieron en el cadáver, una pulgada permaneció unida al riñón. El riñón del cadáver presentaba un estadío avanzado de la enfermedad de Bright; el riñón que me fue enviado se encontraba en un estadío exactamente igual. Pero lo más importante de todo, Mr. Sutton, uno de los cirujanos de mayor prestigio del Hospital de Londres…y que era una de las mayores autoridades vivas sobre el riñón y su patología, dijo que apostaría su reputación a que el riñón que les había sido enviado había sido introducido en alcohol a las pocas horas de su extracción del cadáver.”

Este último aspecto es especialmente relevante porque descartaba, por una parte, que el riñón proviniese de una sala de disección, donde habría sido incluido en formalina y no en destilados, y por otra que hubiese sido un riñón tomado de un cadáver fallecido de muerte violenta, ya que en estos casos es preceptivo en los países de tradición jurídica anglosajona la realización de un proceso llamado “Inquest” en el que un representante de la Corona (llamado por ello “Coroner”) y el jurado deben establecer, en base a los testimonios y pruebas disponibles, si la muerte fue natural, accidental o criminal. Ese proceso hubiese retrasado más tiempo la disponibilidad del cuerpo, salvo para el médico que hiciese la autopsia.